domingo, 26 de agosto de 2018

¡Adiós a la sierra!

Tenía la costumbre de levantarse al amanecer y abandonar la cabaña para salir al exterior a descubrir el nuevo día. Nada más pisar la pradera los pies se le mojaron con la escarcha. A pesar de que era verano, la noche había sido fresca y una generosa capa de rocío lo cubría todo.

«”Hará calor”, pensó, mientras escrutaba el solitario paraje que le rodeaba y estiraba los músculos adormecidos por la noche».

El rebaño se movía impaciente dentro de la corraliza y al notar su presencia las ovejas comenzaron a balar con reiteración. Los carneros cabeceaban altivos y las hembras, amorosas, amamantaban a sus pequeños corderos.

«”Ya tienen ganas de salir del redil, pero tendrán que esperar un rato”, pensó».

Se alejó de la cabaña en dirección al roquedal que utilizaba cada día para hacer sus necesidades. Desde bien pequeño le habían enseñado que «ciertas cosas» se hacían a escondidas y en lugares discretos, y él siempre había sido muy obediente.

El cielo vestía con su impoluto manto azul la campiña abulense. Sin rastro de nubes. Los balidos de los ovinos se veían acompañados por el trino de algunos pájaros. Se movía una ligera brisa del norte y olía a pasto mojado, a tomillo y a romero. Llevaba tantos año pateando aquella sierra que conocía al dedillo todos y cada uno de sus olores; podía adivinar las tormentas por el color y el origen de las nubes; sabía interpretar el vuelo de las aves; su oído le permitía descubrir la presencia de intrusos; su olfato detectar los peligros cercanos; y era capaz de localizar las fuentes más recónditas para aplacar la sed en la época estival.

Mientras liberaba sus intestinos creyó escuchar algunas pisadas y voces en la lejanía, pero como el aire venía en contra no supo adivinar de qué se trataba con exactitud.

Una vez aliviado, emprendió el camino de regreso a la corraliza. Emiliano ya se había levantado también y al verle aparecer tras los matorrales le dio la bienvenida.

―Buenos días, «Rufo». Te veo «mu» contento. Seguro que ya has dejado tu presente mañanero. ¡Venga, a desayunar, que se nos echa el día encima y luego el calor aprieta de lo lindo!

Rufo miró a su compañero y movió la cabeza en un gesto de complicidad. A pesar de que comprendía todo lo que el anciano le decía, él no había conseguido aprender a hablar. Sin embargo, compartir aventuras a diario les había servido para establecer una gran complicidad entre ellos. ¡Eran inseparables! Bastaba uno de sus habituales gestos, o una sencilla orden, para que los dos se entendieran a la perfección.

―¡Está «alborotao» el «ganao»! ―dijo el viejo mientras cortaba un trozo de tocino.

«”Parece”, pensó Rufo, y se sentó junto a su amigo masticando el bocado de grasa».

De improviso, saltó como un resorte y partió a la carrera en dirección al redil. Comenzó a dar la vuelta alrededor de la pared empedrada y al llegar a la parte trasera de la misma oyó, ahora sí, con bastante nitidez por la cercanía, los ruidos que hacía un momento le habían hecho dudar. La altura de los piornos le impedía ver qué era lo que ascendía por el sendero de la sierra en dirección hacia el emplazamiento donde ellos se encontraban, pero estaba seguro de que lo que se oían eran pisadas de caballerías y personas hablando. Asaltado por su curiosidad, se quedó inmóvil, con los sentidos alerta, intentando descifrar los sonidos que se aproximaban. Permaneció en guardia hasta que el lastimoso quejido de las tripas hambrientas le sacó de su ensoñación.

―¿«Ande» andas, Rufo? ―gritó el anciano―. Aquí tienes el trozo de pan con tocino. O vienes a comértelo «deseguida», o se lo zamparán las hormigas.

A oír el mensaje de su amigo, Rufo se olvidó por completo de los intrusos y se dispuso a regresar junto su compañero para saciar el apetito.

Continuó dando la vuelta al rudimentario cercado y al llegar a la parte oeste del mismo vio algo peludo que se escondía, a la carrera, tras unos piornos.

Se acercó cauteloso a los arbustos donde se había camuflado el fugitivo y cuando se disponía a separar el ramaje, para ver lo que se ocultaba en su interior, un conejo salió en estampida huyendo del escondite. La repentina irrupción del extraño pilló a «Rufo» por sorpresa y, asustado, dio un brinco hacia atrás. Sin embargo, se rehízo de inmediato y se lanzó a la carrera en persecución del gazapo. Se olvidó por completo del rancio tocino, y puso todo su empeño en atrapar al apetitoso bocado. Tras localizar y desalojar al escurridizo de su nuevo escondrijo, perseguido y perseguidor, dirigieron sus alocados pasos al sendero que ascendía por la ladera del monte.

«¡BUUUM, BUUUM!» ―retumbaron dos estallidos en medio del silencio de la sierra.

―¡Cabrones! ―dijo Emiliano, al escuchar las detonaciones, mientras tiraba el pan, el tocino y la navaja, y se escondía, a la carrera, dentro del cobertizo.

Con el estruendo de los disparos las ovejas se alborotaron y comenzaron a balar con desesperación dentro de la corraliza, empujándose unas a otras hasta casi derrumbar la rudimentaria pared que hacía las veces de empalizada.

―¿Quién cojones anda ahí? ―gritó Emiliano, asustado, desde el interior se la choza.
Pero trascurrió el tiempo sin que nadie contestara a su pregunta.

―¡Rufo! ¿«Ande» «tas» «metió»? ¡Ven «pa» «ca», «atontao»! ―gritó de nuevo.

Pero Rufo tampoco dio señales de vida.

Pasaron unos minutos sin que se escuchara nada, hasta que dos cazadores, tirando de sus respectivas monturas, aparecieron por la parte trasera del corral y se acercaron a la entrada de la cabaña.

―¿Hay alguien ahí? ―preguntó el que encabezaba la partida.

Al oír la voz del forastero, Emiliano salió al exterior de la choza y se encaró con ellos.

―¡A ver si llevamos «cuidao», que podían haber «causao» una desgracia!n―dijo.

―¡Buenos días, buen hombre! ―contestó el mayor de los cazadores.

―¡Coño. Un harapiento! ―dijo el otro, bastante más joven.

―¿Quién cojones son «ustes»? ¿Y a qué disparan? ―preguntó Emiliano.

―¡Tranquilo viejo, que sabemos lo que hacemos! Mira, hemos matado este bicho que salió de entre los piornos ―dijo el joven enseñando la pieza cobrada momentos antes.

―¡Dásela al abuelo! ―dijo el otro cazador― ¡Así tendrá algo para comer hoy! Seguro que nosotros cazaremos muchos más durante la jornada.

―¿Han visto «ustes» a Rufo? ¡Andaba por detrás del corral. ―preguntó el viejo.

―¿Rufo? ¿Quién es ese? ¡No había nadie más por detrás del corral! ―dijo el joven lanzando con desprecio la pieza cobrada, a los pies del aturdido pastor.

―«¡”Ande” cojones “s’habrá” “metió”, el idiota! ―dijo el pastor para sí mismo».

―¿Vamos bien por aquí para llegar a la fuente del peñascal? ―preguntó el mayor de los cazadores, haciendo caso omiso a las reflexiones del harapiento.

―¡Si señores! Sigan «ustes» «pa» arriba y pronto verán el regato. Pero aun les queda un rato «pa» llegar a ella. ¡No «tie» pérdida! ¡RUFOOOOOOOOO! ¡Maldita sea!

Tras un corto intercambio de pareceres, los forasteros se despidieron del pastor y se adentraron en el bosque bajo para reanudar la caza, sin que Rufo hubiera aparecido.

«”S’habrá” “asustao” con los tiros. Este ya no aparece en “tol” día», pensó Emiliano.

Transcurrió la jornada sin noticias del desaparecido y la noche enmascaró la ausencia.

Al día siguiente el rebaño ayunó. Emiliano se desentendió de las ovejas y se dedicó a buscar a su fiel amigo. Lo encontró al mediodía, entre los piornos. Yacía inerte encima de una oscura mancha de sangre reseca. Un perdigón le había atravesado el corazón.

―¡Hijos de mala madre! ―maldijo a los cuatro vientos liberando la rabia contenida.

Después de mucho tiempo, las lágrimas volvieron a inundar los ojos de Emiliano.

Se calzó la boina; se ajustó el zurrón; dio sepultura a «Rufo» y pensó:

«Esta será la última temporada de pastor. Que el amo cuide de sus ovejas. Ya he enterrado demasiados compañeros a lo largo de mi vida».

                                                                       Solosancho, 7 de agosto de 2018.
                                                                       © Moisés González Muñoz

miércoles, 1 de agosto de 2018

Candiles para Lucía. Agosto 2018

Agosto de 2018.


Gotarrendura
05/08/2018
----------------------------------
 
09/08/2018
Piedrahíta

----------------------------------

Mesagar de Corneja
14/08/2108
 
----------------------------------

 17/08/2018
Sinlabajos


martes, 19 de junio de 2018

Tribuna de Ávila


¿Escritor o alguien que escribe? Tribuna de Ávila. 18/06/18

https://www.tribunaavila.com/blogs/la-sombra-del-cipres/posts/escritor-o-alguien-que-escribe
Un día navegando por internet me topé con la siguiente frase Ninguna persona sana mentalmente escribe” y de inmediato fui consciente que formaba parte de ese insano segmento de la población que convive a diario con personajes, historias y lugares imaginarios. Fue así como decidí adentrarme en el mundo de los enajenados y, aún a sabiendas de que estaba penetrando en terrenos pantanosos, me lancé a la aventura. Como a lo largo de mi existencia osadía nunca me ha faltado; el miedo a equivocarme nunca me ha detenido; y he sabido lidiar con la derrota cuando esta se ha presentado ante mí puerta, decidí acometer el reto que hacía tiempo me rondaba por la cabeza. ¡Solo fracasa quien no lo intenta, jamás el que se equivoca! ―me dije.

Vacunado contra la cordura me aventuré a engendrar mi primer libro, procurando, eso sí, equivocarme lo menos posible. Fue entonces cuando descubrí que desconocía casi todo lo que antecede al nacimiento de una obra escrita: trabajo, constancia, bloqueos, inspiración, certezas, dudas, alegrías, sinsabores, realidades, falsas expectativas…

Una vez zambullido en el proyecto, la experiencia me enseñó que la publicación de un libro es la consecuencia de muchas horas de esfuerzo; de repetidos cambios de ideas; de incontables correcciones gramaticales; de descorazonadores avances y retrocesos, y, cuando se vislumbra el final, de infinidad de dudas sobre el resultado conseguido

El libro fue como una larga gestación que durante varios meses me sumergió en un enrevesado laberinto. Algunas veces la salida se abrió sin dificultad a mi mente y me permitió avanzar con precisión, pero en otras ocasiones, más oscuras e inhabitadas, me resultó bastante complejo desenmascarar el embrollo y escoger la senda correcta. Durante la germinación del embrión me acostumbré a navegar entre dos aguas: la una, placentera, manaba de la esperanza de concebir algo original que colmara mis expectativas y, llegado el caso, generara el interés de los lectores de mi entorno, y la otra, tortuosa, que brotaba del manantial del miedo y me hacía verme reflejado ante el espejo de los irrelevantes. Surcando ese océano inexplorado me convencí de que lo más importante era mantener los pies en el suelo, conocer las propias limitaciones y marcarme objetivos realistas, pues, al final, el sabio lector no suele ser cómplice de vanidosos y coloca a cada cual en el lugar que le corresponde. 

Partiendo de esta premisa llegué a la conclusión de que mi verdadero reto consistía en compartir lo que a mí me gustaba. Aquello que me resultaba afín. Plasmar mis ideas hablando de lo que conocía; haciéndolo como sabía; y, por supuesto, expresándolo lo mejor que podía; pero por encima de todo intentando convencerme a mí mismo. Ser fiel a mí conciencia sin preocuparme demasiado por lo que opinaran los demás. ¡Ya me lo dirían ellos si por casualidad algún día mi libro caía en sus manos y lo leían! 

Desde el punto de vista personal el resultado ha sido inmejorable. Candiles para Lucía forma parte de los logros esenciales de mi vida. Algo así como un nuevo “retoño”, cuyo “embarazo” fue feliz pero trabajoso; el alumbramiento largo y costoso; el crecimiento sufrido pero venturoso; y el futuro…. el futuro espero que sea productivo y generoso. Sea lo que fuere lo que el destino me depare, dudo que nadie pueda quitarme lo que el libro me regaló. Imposible dejar de querer a quién me permitió conocer a gentes encantadoras, descubrir lugares maravillosos y compartir experiencias enriquecedoras  que jamás soñé vivir. ¡Se corta el cordón, pero la madre sigue unida al hijo de por vida!

Llegados hasta aquí, y mientras conserve la libertad de escribir para mí, el reto que me mueve seguirá estando vigente. Continuaré compartiendo mi locura con los lectores con la esperanza de que también les guste a ellos.  ¡Este será mi verdadero éxito!

Aunque quién sabe si cuando me asalten las ínfulas ―como hombre de “principios”― no estaré dispuesto a enterrar mí cacareada libertad por saber que sienten aquellos que venden miles de ejemplares. O tal vez no, pues para alcanzar ese estatus habrá que considerarse “escritor”, y yo, si acaso, conseguiré ser… ¡alguien que escribe

                                                                            Ávila, 18 de junio de 2018
                                                                             Moisés González Muñoz 

 - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Editar un libro: La muralla de los autores. Tribuna de Ávila, 20/11/2017 
https://www.tribunaavila.com/blogs/la-sombra-del-cipres/posts/editar-un-libro-la-muralla-de-los-autores

https://www.tribunaavila.com/blogs/la-sombra-del-cipres/posts/editar-un-libro-la-muralla-de-los-autores
  

Editar un libro: La muralla de los autores.

 Resulta paradójico que en un país como el nuestro, en el que la lectura es privilegio de unos pocos, la escritura se haya convertido en patrimonio de tantos. Loable es que exista gente dispuesta a contar historias, unas sublimes y otras infumables, pero, ¿de qué sirve recordar,  retratar, imaginar o fabular sueños imposibles si nadie lo lee?

Escribir está al alcance de muchos, calidad literaria al margen, pero publicar ya es harina de otro costal. Llegados a este punto, surgen una serie de preguntas de difícil respuesta: ¿Y ahora qué? ¿Cómo editar un libro? ¿Qué hacer para que las obras vean la luz? ¿Dónde y cómo encontrar la llave que proyecte un libro al mercado con posibilidades reales?

Existen diversas posibilidades para que los principiantes pongan sus obras al alcance de los lectores. Unas asequibles, otras, por desgracia, simples quimeras. Veamos algunas. 

- Las grandes editoriales convencionales:

Esta opción queda casi descartada. Contadas son las empresas que arriesgan su dinero por autores desconocidos, a no ser que la categoría de la obra sea incuestionable, o que en ella atisben ciertas posibilidades comerciales (a veces reñidas con la mínima decencia literaria). 

- Pequeñas editoriales:

De un tiempo a esta parte han surgido un gran número de pequeñas editoriales dispuestas a trabajar con escritores noveles, pero la gran mayoría de ellas solo patrocinan a autores de su entorno y suelen rechazar las obras desconocidas. En definitiva, sino conoces a alguien relacionado con la empresa, no se dignarán ni a leer tu obra. 

- Auto-publicación en imprentas convencionales.

Una de las primeras opciones de los principiantes suele ser la de hacer una edición limitada en una imprenta conocida. Con ella se consigue satisfacer el ego propio y, dependiendo del círculo de personas que rodeen a cada individuo, distribuir los ejemplares entre familiares, amigos y conocidos. Internet ofrece la posibilidad de comparar entre un amplio abanico de imprentas dedicadas a la edición. Los precios son bastante asequibles y la única condición requerida es que la obra en cuestión esté maquetada y la portada diseñada. 

La disponibilidad económica de cada individuo determinará las características de la tirada. Lo ideal sería combinar cantidad, calidad y precio con las perspectivas reales de venta (si la tirada es limitada encarece mucho el producto y para abaratar el coste de cada ejemplar es necesario ampliarla, lo que conlleva un aumento considerable del desembolso monetario). 

- Concursos y premios literarios.

Otra opción que está al alcance de cualquier autor es la participación en concursos y premios literarios. Ya sea mediante convocatorias convencionales, o a través de internet, existen múltiples canales para concurrir a estos eventos. Algunos de ellos, en sus bases, especifican la posibilidad de edición para aquellas obras, no premiadas, que a criterio de los miembros del jurado, presenten una calidad literaria y ofrezcan posibilidades comerciales.

Para participar en estos concursos, por norma general, se requiere el envío de varias copias impresas en papel, y encuadernadas, del ejemplar en cuestión, y una plica con los datos personales del autor o, en su caso, el seudónimo. En otras ocasiones, las menos, existe la posibilidad de enviar toda la documentación (obra literaria y datos del autor) en formato digital, lo que facilita de manera especial el poder concursar en el evento.

Los pros y contras de esta opción son diversos. Por un lado suelen ser convocatorias a las que concurren una gran cantidad de participantes. Un porcentaje elevado de los inscritos suelen ser escritores contrastados que se presentan bajo seudónimo. El nivel de las obras acostumbra a ser bastante elevado, y en la mayoría de estos eventos exigen que la obra sea inédita. Las citas están acotadas a un determinado género literario y se ciñen a una temática concreta. Además, se requiere un determinado número de páginas y es obligatorio presentar los originales con un formato y unos parámetros de edición específicos.

Dadas las características de estos certámenes, el coste para el autor es mínimo. Sin embargo, las posibilidades reales de estar entre los elegidos son bastante escasas, aunque en la Asociación Cultural de Novelistas “La Sombra del Ciprés” tenemos algunos compañeros/as que con su buen hacer han derribado los muros y han salido victoriosos.

- Edición por parte de Organismos públicos, entidades, asociaciones, empresas...

Dependiendo de la temática de la obra y de las relaciones de cada uno, se puede contactar con organismos públicos (bibliotecas, diputaciones, ayuntamientos…), entidades culturales, asociaciones y empresas privadas, que ofrecen soporte económico, o corren con todos los gastos de edición de la obra. Por desgracia, las subvenciones de las administraciones, el patrocinio o mecenazgo de entidades y particulares, y la inversión de las empresas privadas, van decreciendo de manera drástica y a pasos agigantados.

- Editoriales de Auto-edición.

Un escenario que se ha abierto paso en los últimos años de manera imparable y con un importante negocio a sus espaldas es el campo de la autoedición. Proliferan las empresas de este tipo que ofrecen a los autores noveles la posibilidad de editar sus obras.

Para poder editar a través de alguna de estas empresas es obligatorio firmar un contrato de exclusividad y aceptar una serie de cláusulas que obligan muy poco a la empresa y bastante al creador. Dicho contrato de edición suele cubrir solo los aspectos fundamentales, y lo demás se consideran clausulas adicionales y se facturan al margen.

La editorial actúa como una simple empresa de servicios y pone su organización al servicio del autor, pero no invierte ni un solo euro en el libro. El escritor, por contra, debe correr con los gastos de maquetación, diseño, impresión, promoción, distribución y venta. Una vez más, las perspectivas reales de venta determinarán la cantidad, calidad y el precio final.

Algunas editoriales, si la tirada es extensa, regalan a sus clientes una serie de extras, estos más golosos que efectivos. El más interesante sería el de la distribución del libro en papel (Paypal, pedido directo a la web o distribuidora de alcance nacional). Los demás, de disponibilidad (venta de ejemplares bajo demanda, a través de catálogos, o formato Ebook) son cortinas de humo para engatusar al cliente pero de nula relevancia. Como irrelevantes son también las reseñas de las editoriales en las Redes Sociales, pues la mayoría de sus seguidores son autores, no compradores. De poco sirve tener una obra literaria introducida en cientos de catálogos (disposición), si apenas nadie sabe de su existencia (distribución). Es preferible tener un ejemplar en el escaparate de una librería que cientos registrados en los catálogos. 

- Venta directa en Internet.

Aquellos que no pueden o no están dispuestos a invertir en la edición de su obra, tienen la opción de ponerla a la venta (disposición) en Internet, a través de diversas plataformas. Entre la multitud de ellas, las más destacadas que podemos encontrar son:




·  Casa del Libro  
https://www.casadellibro.com/autopublicacion/landingAutopub 

Si al final conseguimos editar nuestra obra, conviene tener en cuenta una serie de aspectos:
1.- Vender un libro es difícil. Huye de aquellos que quieran convencerte de lo contrario. 
2.- Tu libro tiene que tener el mejor acabado posible. Rodéate de verdaderos profesionales.
3.- Todos los derechos de tu libro son tuyos. Si autoeditas no tienes por qué compartirlos. 
4.- Escribe más. Empezarás a ver resultados cuando hayas publicado varios libros. 
5.- Escribe mejor. Un buen libro es el punto de partida imprescindible para conseguir algo. 
6.- Presenta tu libro donde tengas algo que decir y distribuye donde estés promocionando.  No tiene sentido vender allá donde no hagas promoción y viceversa. 
7.- Las editoriales de autoedición pueden ser buenas si te las tomas como un proveedor de servicios, pero vigila los extras y los contratos. Si una editorial de autoedición te dice que es capaz de promocionar y distribuir con garantías tu libro, dúdalo. Si fuera así no sería una editorial de autoedición, sería una editorial convencional. 
8.- Colabora con otros autores. Promociones compartidas, consejos… 
9.- Si, a pesar de todo, el libro consigue ver la luz, procura presentarlo, promocionarlo, darle publicidad, distribuirlo físicamente en las librerías y bibliotecas, participar en ferias del libro, fiestas o eventos literarios, hacer giras, practicar la venta directa... 
10.- Como colofón a todo el trabajo, una buena opción es la de contactar con varios libreros donde consideres que tu libro pueda tener salida. Deja algunos ejemplares en depósito para que los muestren en sus expositores y los pongan a la venta. Si un libro comparte espacio con otros libros tiene opciones de ser vendido, si está oculto morirá en soledad.


martes, 12 de junio de 2018

GR3: Etapa 10ª (09-06-2018)

Manresa - Navarcles. 
 
-       A pleno sol.
Cada año por estas fechas, cuando aprieta la calor y olisqueamos la llegada de la época estival, los GRManos salivamos como el perro de Pàvlov a preparar nuestro  estómago para devorar el menú que pondrá punto y final a las caminatas de la temporada en ciernes.
Aunque parece ser que, ya, ni las perspectivas de caminar poco y comer mucho, surgen efecto. ¡Mejor para Antonio y Maribel que ahorran en bocatas y trabajo!
A pesar de que son solo 11 míseros kilómetros los que nos esperan en la “dura” jornada gastronómica, se mantiene el madrugador horario de salida.
Hoy no regalamos bostezos a la hora del encuentro en la parada del bus. Sí, sin en cambio, compartimos el extraño sol que surca el horizonte. Fenómeno insólito durante los últimos meses, pues casi nos hemos convertido en el país de la lluvia.
Acallados los lamentos por el ilógico madrugón nos acomodamos en el aseado y limpio autocar -hoy sí, Evaristo- para poner rumbo a la comarca del Bages.
Si algo nos ha enseñado la experiencia es que conviene no adentrarse mucho en las urbes y evitar, con ello, los tramos asfaltados. Por dicho motivo, esta mañana bordeamos Manresa y comenzamos la caminata a las afueras de la ciudad.
De salida, el camino discurre encajonado entre la ruidosa autopista y las calladas parcelas de cultivo. A un lado los alocados automovilistas bramando por asfalto, camino del trabajo o de las residencias de fin de semana. Al otro, los pacientes hortelanos trajinando en sus huertas al son de la calma matinal. Y en medio, nosotros, avanzando por el sendero junto nuestros compañeros circunstanciales, charlando de cosas banales, riendo sin motivo aparente, maldiciendo al "pagès" que ha atado las ramas de su cerezo para evitar que los dulces frutos estén al alcance de nuestras manos, o simplemente intentando no quedarnos rezagados de buena mañana.
-       La vuelta al redil y el Parc de l’Agulla.
Como alguno/a de nosotros llevamos varias etapas sin dar señales de vida, hoy disfrutamos de esta jornada de reencuentro. Las ganas por conocer los avatares de aquellos/as con los cuales hace tiempo que no compartimos experiencias propicia que haya un inusual cambio de parejas (¡parejas hablantes, que os conozco!). Constantes son también los cambios de rumbo durante los primeros kilómetros de la etapa: ahora hacia el norte, luego al sur, después al este, más tarde a oeste; o los repetidos puentes que nos obligan a cruzar, de un lado a otro, por encima de las dos principales vías de comunicación de la zona: C25 y C55.
Cuando transitamos por el triángulo que forman las dos vías automovilísticas y un camino vecinal descubrimos el Parc de l’Agulla. El mágico enclave nos regala la armonía de su conjunto, la quietud de sus mansas aguas, la exuberancia de su cuidada vegetación, la belleza de sus vistas y el atrayente relax de su zona de ocio. La parada junto al lago nos sirve de excusa a la mayoría para empaparnos de la belleza de lugar. Mientras, los expertos fotógrafos se parapetan tras los objetivos de sus cámaras para capturar las preciosas vistas que el enclave nos depara e inmortalizar a las “ministras y ministros” para la posteridad. A los más previsores les sirve, incluso, para airear los bocadillos de jamón preparados por Antonio y Maribel para homenajear al jubilado.
-       Un desayuno festivo.
Una vez reconfortada la vista reemprendemos la marcha y cruzamos de nuevo el Eix Transversal (C25), para avanzar en paralelo a la sequía de Manresa, camino de Sant Iscle. Vista la proximidad de Sant Pedor, algún mal pensado opina que deberíamos saltarnos lo que resta de la etapa y encaminarnos, sin demora, al restaurante, para una vez allí, apoltronados en las mesas del establecimiento, dar buena cuenta de los bocatas de celebración y coleccionar montones de envases de cerveza vacíos. Pero no, los designios del día van por otro lado. Así, tras dejar atrás el Mas de Sant Iscle, doblamos a la derecha para cruzar de nuevo la C25.
Al pasar junto a un campo de sembrados nos pide paso un ciclista y nada más adelantarnos detiene su marcha con un brusco frenado. De no haberlo hecho, hubiera atropellado a dos serpientes que tomaban el sol en medio del camino de tierra. Aunque, por su enrevesado acercamiento, bien podrían estar practicando otras calurosas actividades. A pesar de que nos detenemos junto a ellas para que nos aclaren el entuerto, las esquivas reptiles se hacen las sordas y, tras deshacer el lazo, se ocultan en los hierbajos de la cuneta antes de hacerlo en el sembrado. 

 A las afueras de Manresa nos desviamos a un bosquecito. El lugar (acogedor, tranquilo y a cubierto de las miradas indiscretas), nos permite dar buena cuenta del delicioso bocadillo obsequio del sesentón. Una vez consumido el manjar y los suplementos que suelen aparecer tras el postre (té, chocolate, café, galletas, vodka etc...) aprovechamos la ocasión para celebrar que el compañero Antonio Gil comienza un nuevo periplo en su existencia. Rodeados de vegetación montamos un improvisado festival músico –literario en honor del agasajado. Jaume Valls le regala al compañero varios párrafos y algunos versos que versan sobre la amistad y la camaradería que reina en GRManía. Para cerrar el acto, todos juntos desentonamos a coro una festivalera canción adaptada para la ocasión. Por suerte, las nubes ya están cansadas de remojar el campo y hacen caso omiso a nuestra insufrible interpretación musical. En otra época hubieran descargado toda su ira sobre nuestras cabezas. ¡Dios, que bien desafinamos!
Concluido evento festivo retomamos la senda abandonada. Nada más ponernos en marcha alcanzamos la zona comercial ubicada en la zona norte de Manresa, salvamos la C55 por un puente elevadizo, y dirigimos nuestros a la cercana de Sant Fruitós del Bages. 
-       ¡Dando vueltas!
La llegada a Sant Fruitós se produce en armonía. Sin embargo, nada más alcanzar las primeras edificaciones, y para seguir siendo files a nuestro instinto, decidimos poner a prueba la cohesión del grupo y nos saltamos el track. La decisión nos sirve para serpentear un poco por las callejuelas del pueblo y a largar, de paso, la cortísima etapa de hoy.
Tras cruzar el poblado, recuperamos la senda correcta y cogemos el camino que conduce al Monasterio de Sant Benet. Avanzamos durante un corto periodo de tiempo por medio del campo orientado en dirección este, disfrutando de las maravillas que la naturaleza nos regala: preciosos campos sembrados de cereal a punto de germinar, multitud de flores coloreando el paisaje, praderas vestidas de un verde inigualable; árboles tocaos de copas recubiertas de hojas exuberantes; avecillas revoloteando por encima de nuestras cabezas; regueros y riachuelos rebosantes del agua de las últimas y repetidas lluvias…
-       Sant Benet y El Llobregat.
Al alcanzar la cota de la jornada, abandonamos los campos de cultivo y nos adentramos en una amplia pista forestal. En un cruce de caminos desde el cual se divisa el Monasterio de Sant Benet detenemos los pasos para reagruparnos.
A pesar de que durante las últimas semanas apenas si hemos disfrutado del sol todos buscamos la sombra y nos cobijamos bajo las frondosas copas de los árboles. Para desgracia mía, mientras platico con algunos compañeros noto cómo los mosquitos se ceban con mis piernas. Conocedor de la predilección que estos indeseables sienten por mi sangre, me alejo del lugar y me planto a la solana. ¡Mejor acalorado que achicharrado!

Tras un entretenido periodo de descanso a la sombra del arbolado nos ponemos en marcha en dirección opuesta al Monasterio. Se alzan algunas voces contrarias al rodeo, pero nadie osa cuestionar las órdenes de los impulsores. Total, un par o  centenares de metros, en una etapa de paseo, no supone demasiado esfuerzo.
De camino al Monasterio por la ruta inventada atravesamos un pequeño bosque  antes de descender a la exuberante cuenca del Llobregat. El río presenta un aspecto insólito para la época en que nos encontramos: el caudal bastante más generoso de lo suele ser habitual a primeros de junio y las aguas teñidas de marrón fruto de las últimas tormentas.  
El paso por el Monasterio de San Benet es meramente testimonial. Nadie parece querer purgar sus incontables pecados. Si acaso, tomar una cerveza. Pero como escasean las facilidades para el consumo y la oración no parece atraer demasiado a los presentes, desterramos rezo y bebida y abandonamos el lugar sin contemplaciones.
Tras dejar atrás el lugar de recogimiento nos adentramos en una calle asfaltada que discurre en paralelo al caudaloso río. En desorganizada hilera, avanzamos por la acera mientras asaltamos las moreras cargadas de rica fruta. Momentos antes de dar por finalizada la caminata, con las manos pegajosas y los estómagos repletos de azúcar, cruzamos el puente sobre el río Llobregat y nos presentamos en de Navarcles.
-       Muchas cervezas, una comilona y la grandeza de GRmanía.
Debido al escaso kilometraje de la etapa y a que nadie se ha perdido ¡cosa rara! la caminata concluye a una hora inusual. Ante tamaña oportunidad, la mayoría de GRManos se apresuran a ocupar las sillas de céntrica plaza del pueblo para reponer líquidos. ¡No agua, no, cerveza a raudales!  

Una vez saciada la sed nos desplazamos hasta la cercana población de Sant Pedor para reponer fuerzas en el Restaurante L’Olivera, concertado con acierto y  maestría por Maribel. Vaya por delante nuestra más sincera felicitación hacia la encargada de gestionar el evento. Enhorabuena por llevarnos a un lugar pulido; por ofrecernos un menú excelente y por acordar un precio ajustado. ¡Cómo lo sigas haciendo tan bien, no te quitarás el “muerto” de encima nunca, Maribel!
La conmemoración refleja la camaradería que reina en el grupo. La celebración de la jubilación de Antonio resulta amena y divertida ¡por muchos años amigo! y los actos programados para la ocasión ―cierre de la temporada y homenaje a los compañeros/as que están pasando por momentos difíciles― son un fiel reflejo de la humanidad, la grandeza y la cohesión de GRManía dentro de la diversidad.

¡Feliz verano a todos y hasta el próximo “curso", amigos!
Restaurant – Brasseria L’Olivera. Sant Pedor de Bages.

Blog de GRManía:

Sant Pedro de Bages.
Sábado, 09 de junio de 2018.