sábado, 23 de mayo de 2015

GR7-Etapa 15 Coll de la Teixeta- Colldejou 18/04/2015

GR7-Etapa 15 Coll de la Teixeta- Colldejou 18/04/2015

Con cinco días de antelación con respecto a la festividad de la cultura y el amor nos dirigimos a Collddejou para celebrar la Diada de Sant Jordi. Y como suele ser habitual en las celebraciones de GRManía, ya sean festivas o gastronómicas, la gran mayoría de miembros de hermandad de caminantes nos hallamos entre los apuntados al evento.

Hoy nuestras mochilas lucen más abultadas de lo habitual, preñadas de abundante papel impregnado de cultura para intercambiar con nuestros queridos y queridas compañeros de aventuras campestres.

La etapa de hoy solo ofrece dos alternativas que coinciden en el punto de partida y el final. Los del grupo B deben recorrer el tramo Coll de la Teixeta – Colldejou, y los del grupo A el mismo trayecto que sus compañeros, pero en el tercio final, antes de llegar a la meta, deben desviarse a la derecha para ascender a la exigente Mola de Colldejou, regresar por el mismo camino y recuperar la senda perdida.

Invadido por la curiosidad y deseando comprobar en primera persona la veracidad de las afirmaciones que corren por ahí, según las cuales el grupo B se lo pasa en grande, avanza compacto, disfruta de los bares y de los encantos de las etapas, y  camina en camaradería, hoy me desentiendo de mis habituales compañeros y me integro en el grupo de los presuntos vividores. La excusa para emprender tal decisión se fundamenta en las pocas ganas que tengo de sufrir los rigores del duro ascenso a la Mola de Colldejou. Bien es cierto que la cota tiene fama de ser un lugar parece paradisíaco y las vistas se presuponen esplendorosas, sin embargo me conformaré con las explicaciones y las sensaciones que de buen seguro me transmitirán los valientes “escaladores”.

Después de recorrer en el autocar la larga distancia que nos separa de nuestro punto de partida: el Coll de la Teixeta, nos apeamos del vehículo a motor en una rotonda de la N240 que comunica Falset con la capital de la comarca del Baix Camp: Reus.

Tras los consecuentes preparativos iniciamos la etapa por la acera asfaltada de la solitaria carreta T313 que conduce a Riudecanyes y Motbrió del Camp. Descendemos ligeramente, durante no más de 400 metros, en búsqueda del camino que nos adentrará en el paraje natural de les Serres de Pradell-l’Argentrera.

Ya de buena mañana surgen las primeras divergencias pues unos afirman que el chofer se ha comprometido a buscar un lugar donde poder comer y celebrar el juego de literario y otros comentan que Carlos ya había reservado un lugar para tal celebración.

Una ronda de teléfonos deshace el entuerto y la cosa parece quedar aclarada. Además, los más eruditos dudamos que el pequeño pueblecito de Colldejou ofrezca tanta variedad  hostelera como para tener que decantarnos por una u otra reserva. ¡Apostaríamos a que allí solo hay uno lugar donde colocarnos, y que no será necesaria ninguna elección!

Nada más abandonar la vía automovilística nos adentramos en una pista forestal y acometemos al primer ascenso de la mañana. Nada del otro mundo y de una duración que escasamente supera el kilómetro de recorrido.

A pesar de mis reticencias pasadas, me acomodo al pelotón de cola y voy ligeramente pendiente de los que caminan en la retaguardia. Mas éstos, sin prisa pero sin pausa, avanzan sin problemas y la responsabilidad adquiere tintes de sencillo pasatiempos.

Caminamos parsimoniosos y entretenidos por una amplia senda de la Serra de Pradell,  intercambiando pareceres entre nosotros: Pedro, Juan, Ginés, Paco Ortega, Paco Victoria, Paquita, Jackye, Nuria y algún otro formamos el furgón de cola.

Mientras avanzamos cansinamente, los amantes de los productos naturales se percatan, jubilosos, de la abundante presencia de espárragos en la linde del camino. Al momento, varios GRManos dan comienzo a la selecta recolección de los verdes brotes, de tal manera que al cabo de un buen rato, ellos y ellas, ya aprisionan entre sus manos un buen manojo de plantas herbáceas de la familia Asparagaceae. El citado tallo verdoso crece de manera natural por estos lares y entre sus múltiples cualidades destaca por ser un excelso manjar. De bajo contenido calórico y con alta proporción de agua, es generoso  en antioxidantes, como vitaminas C, E, provitamina A, y en compuestos fenólicos como los lignanos. Los variados nutrientes energéticos lo convierten en un alimento idóneo para las dietas hipocalóricas, y su elevado contenido en fibra aporta sensación de saciedad, ayuda a reducir el apetito, y facilita la liberación de los obturados intestinos.



En mi afán por ganarme el aprecio y la estima de nuestro querido e inigualable maestro “ripiero”, le ayudo en las tareas de búsqueda y recolección y juntos conseguimos cosechar un buen manojo. Y aunque D. Pedro pretende repartir, a medias, el fruto de nuestra pericia, le cedo gustosamente mi parte para que al menos uno de los dos pueda hacerse una tortilla en condiciones y la deguste junto a una buena cerveza. Eso sí, le recuerdo la obligatoriedad de comérsela a la salud de ambos, y si así no fuere… ¡que se le indigeste un poquito! Como a día de hoy no tengo noticias de indigestión alguna quiero pensar que el poeta campesino cumplió su promesa y pensó en mi mientras zampaba!

Al poco de adentrarnos en la Serra de Pradell iniciamos un leve pero continuo descenso en pos de l’Argentera. A parte de los citados espárragos trigueros, nos topamos con una majestuosa roca a la derecha del camino que los veteranos recuerdan de antaño, cuando el Gr7 se acometió en sentido contrario al actual. Por sorpresa, también, localizamos una preciosa e inmóvil culebra que absorbe el calor de los rayos solares para acumular la energía que su fría sangre es incapaz de proporcionarle. Como no podía ser de otra manera, Rafael ser encarga de inmortalizar la escena de la pacífica saurópsida.

Acompañados del canto de las aves silvestres observamos la sequedad del bosque mediterráneo y los ralos campos que motean el paisaje. Escasa es el agua caída del cielo durante la presente primavera de este 2015 y… ¡mal pinta la cosecha veraniega!

Con el estómago lanzando señales de auxilio alcanzamos el poblado de  l’Argentera y nos reagrupamos en un parque del lugar. Lo que a primera vista parecía ser un parque infantil resulta ser un parque de ejercicios de mantenimiento para ancianos. ¡Tal vez sea una señal que nos indique lo que nuestro futuro cercano nos deparará de aquí a no mucho! Sea como fuere, el caso es que ninguno de nosotros se enfrasca en la realización de los beneficiosos ejercicios gimnásticos y si en el devorar de los bocatas. ¡Hay incluso quién se adentra en el cercano bar y se toma una cervecita o un cafelito caliente!

Acabado el momento de la reposición de fuerzas, emprendemos de nuevo la marcha para acometer el siguiente ascenso hasta la Serra de l’Argentera. Primero por un amplio camino avanzamos por el Barranc Reial pero luego nos desviamos por una estrecha y pedregosa senda hasta alcanzar la cima y toparnos con la imponente grandiosidad de los molinos de viento. Desde allí, y a la vera de los imponentes generadores metálicos, partimos casi todos y todas por un amplio camino en dirección a la Torre de Fontaubella y Colldedjou. Casi todos… pues Ana se equivoca de sendero, se encamina por uno que nace en  paralelo, a la derecha de la ruta correcta, y poco a poco se va alejando de la misma. Al percatarme de su error decido tirar campo a través para intentar prevenirla y devolverla a la senda correcta. La orografía del terreno me impide localizarla con la vista y en mi excursión por entre los espinos que pueblan la ladera me dejo las piernas abrasadas de arañazos. Con mis extremidades pidiendo clemencia consigo localizarla a un centenar de metros de mí, y compruebo que la extraviada va en dirección correcta y que está a punto de recuperar el sendero perdido. ¡La realidad demuestra que no estaba perdida sino añadiendo unos centenares de metros a su etapa y alejándose más de los de la avanzadilla del grupo A, con los que pretendía acometer el ascenso a la Mola!

Tras caminar emparejados durante un rato por la senda que discurre paralela a los molinos alcanzamos una pequeña colina, observamos que, a lo lejos, en actitud de espera, el grupo que pretende llegar a las alturas aguarda impaciente la llegada de Ana. Suerte que os habéis acordado de ella y la habéis esperado, pues de lo contrario habrías sufrido en vuestras propias carnes la ira de la que se creía abandonada.

En mi afán por minimizar la espera de los del grupo A me adentro entre la maleza para tratar de localizar un sendero con el cual acortar la distancia que nos separa de ellos. Pero desisto de tirar campo a través nos vaya a ser que mis acompañantes se acuerden de mí y maldigan mi decisión. ¡Seguiremos por el camino y que esperen los de adelante!  

Albert, sin embargo, demuestra ser más osado que yo y tira cuesta abajo por entre los matorrales, ahorrándose un buen trecho del serpenteado camino y dando alcance a los de la espera bastante antes que nosotros.

Una vez que Ana se reencuentra con los que se dirigen a la Mola, los que caminábamos junto a ella descendemos por una empinada y pedregosa trocha hasta la carretera, la cual abandonamos, al poco, por la izquierda, para adentramos en el bosque.

En una encrucijada del camino que une Colldejou con la Torre de Fontcuberta nos topamos con pila llena de agua encenagada que apenas sirve para lavarnos las manos y a alguno más osado para refrescarse los pies.

Luego de caminar toda la mañana acomodado junto a los del grupo B, y traspasado el umbral del mediodía, aún conservo la esperanza de que lo bueno esté por llegar. De momento nada de lo que algunos tanto pregonan otros días ha hecho acto de presencia. ¡Ni parada técnica, ni fotos, ni cerveza, ni olivas, ni na de naaaa! ¿Será la no presencia de José Antonio la causante de tal decepción? ¿O tal vez mienten como bellacos?

En puertas de Colldejou, acometemos el último kilómetro de la jornada descendiendo nuevamente por otra empedrada senda, y en ello andamos cuando Sonsoles decide  bailarse un zapateado por ente las piedras de la vereda y da con sus huesos en el suelo. Como buena Abulense se postra arrodillada, cual Santa teresa de Jesús, entre los cantos del camino haciendo honor a lo que por aquellos lares se pregona (¡Ávila  tierra de santos y de cantos!). Por suerte, o eso nos hace creer la accidentada, el golpe no deja secuelas importantes y una vez recuperada la normalidad nos ponemos de nuevo en danza.

Con el sol calentando nuestros cogotes, a cuenta gotas, vamos arribando a Colldejou y localizamos el Bar donde celebraremos en encuentro literario.

Tras el ágape de costumbre y las intervenciones literarios del poeta Don Pedro y del narrador Don Jaume Valls procedemos al intercambio de los libros aportados cada uno de nosotros. ¡Mas… lo que debía ser un juego se queda en un simple reparto de cromos!

A destacar la inesperada y gratificante sorpresa que los abuelos recibidos de Rosa Gil, la cual nos regala un lote de libros infantiles para nuestros queridos nietos. ¡Gracias Rosa!

A media tarde, con el estómago lleno y con el libro en las manos, abandonamos el bar y nos encaminamos al autocar que se halla aparcado a las afueras del pueblo para regresar al hogar.

Como buenos samaritanos decidimos colaborar con los artesanos del lugar y arrasamos con casi todas las existencias de baratijas en forma de caracol que los lugareños han elaborados para los visitantes esporádicos como nosotros.

El largo trayecto que nos separa de nuestra ciudad permite a los GRManos dedicar su tiempo su tiempo a diversos menesteres. Unos se decantan por la ruidosa siesta, otros por las amenas conversaciones, alguno/a por la lectura compulsiva, otro por revisar las tomas fotográficas de la jornada y otros, simplemente, por contemplar el paisaje.

Fotos de Rafael:


Colldejou, sábado 18 de abril de 2015.

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