martes, 3 de enero de 2017

GR4 Etapa 4 (17-12-2016)


GR4 Etapa 4 (17-12-2016)
Borredà – Sagàs.

Hoy me voy a tomar la libertad de empezar por el final y dedicar unas líneas de agradecimiento a los responsables de que este Panchovillesco ejército, conocido como GRManía, funcione a las mil maravillas. Sirva, por tanto, esta crónica, para homenajear a todas y todos aquellos GRManos que desinteresadamente dedican parte de su preciado tiempo a la organización de los diferentes eventos del grupo tales como: La elección de los recorridos y la preparación de las etapas; la adaptación y puesta en común de los Tracks para nuestros denostados GPS’s; la contratación de autocar; la convocatoria para apuntarse a las etapas; la búsqueda de Bares que nos permitan apalancarnos en sus locales para beber de lo suyo y comer de lo nuestro; las arduas negociaciones con los tacaños propietarios de los Restaurantes parar escoger menús que den conformidad al bolsillo y al gusto de los hambrientos; a lucha sin cuartel para que los despistados anoten los platos de su preferencia; la provisión, el reparto y el cobro de la esquiva lotería de Navidad; la reserva y el sufragio de la salvadora luminteta; el encargo, abono y custodia de la “Panera”; la liquidación de los gastos, viajes y extras, y el mantenimiento, al día, de la contabilidad  de la “empresa; la sesuda y acertada elaboración de discursos y abecedarios, las atinadas, sentidas e insuperables rimas de nuestro versado trovador, la adaptación de canciones, y demás actos de cultivo mental; la elección y el encargo de los obsequios de temporada; el montaje de audiovisuales para recordar y amenizar los eventos; la plasmación de los variados y múltiples aconteceres camineros con las cámaras de nuestros inigualables reporteros y las avezadas plumas de los hirientes escribanos; los trabajos, en la sombra, de aportar ideas, comprar, reprografía, adecentar, coordinar, y demás menesteres necesarios para todas y cada una de las actuaciones del grupo; la de que no nos falte el vino;  y la de aquellos otros necesarios actos que mi desmemoriada y embotada mente es ya incapaz de recordar… ¡Gracias a todos/as!

¡Repartido el jabón, vayamos al grano!

Existe un dicho anónimo que afirma que quienes viajamos lo vivimos 3 veces: cuando lo soñamos, cuando lo realizamos, y cuando lo recordamos”, y tal postulado podríamos aplicarlo, sin ningún género de dudas, a lo que nos espera en la etapa de hoy. Son tantos los días dedicados a la preparación de la jornada festiva que cerrará el año natural, y en la cual homenajearemos a nuestro jefe y fundador Don José Hervás, que la mayoría de nosotros, cuando llegue la hora de la verdad, tendremos la sensación de que ya hemos pasado por ese trance, lo viviremos con la responsabilidad de que todo salga perfectamente, y nos quedará para el recuerdo el desarrollo de los acontecimientos.

Después de casi un mes de preparativos en la sombra y a escondidas del fundador (¡y  no me refiero al coñac!), hoy por fin llega el gran día: Fin de año, comilona y fiesta en honor a nuestro Comandante en jefe: Pepe, Alias Don José. Alguno o alguna podrían pensar que muchos y muchas GRamanos alcanzaron el retiro antes que él y a ninguno se le hizo una fiesta de tamaña envergadura, de lo que se deduce que no es una fiesta por su jubilación, sino un reconocimiento a su persona por el empeño en crear, mantener y mejorar la historia de GRManía.

Como pájaro del mal agüero, la caprichosa jornada sabatina amanece lluviosa por tierras de Egara y ello nos obliga a los más previsores caminantes a acarrear con bolsas de recambio por si el aguacero cala nuestros avejentados huesos.

Durante los primeros kilómetros de avanzar en dirección al norte por la oscura autopista una fina lluvia se estampa contra la luna delantera de nuestro atestado autocar. Sin embargo, a medida que nos alejamos del Vallés Occidental y nos adentrarnos en la comarca del Bages la llovizna comienza a remitir y, mientras clarea el alba, el azul cielo va sustituyendo a los nubarrones en el horizonte. ¡Una jornada como ésta bien merece un tiempo acorde a la celebración!

Cumpliendo con su promesa de invitar a los caminantes a un bocata de jamón para el desayuno, Pepe y sus ayudantes distribuyen los emparedados mientras avanzamos por la autopista. De nada sirven nuestras lastimeras quejas para que el Comandante acarree con el alimento durante los primeros kilómetros del recorrido (hasta alcanzar el lugar del desayuno) y allí haga la ceremonia oficial de entrega del presente. ¡Nada… a cargar nosotros con el peso! ¡Qué remedio!

Al fondo, sin miedo a perturbar el sueño de aquellos que prefieren descansar, los voceros de siempre vamos conversando sobre la proximidad del solsticio de invierno. Y como la cuestión es porfiar, discutimos sobre el tema como verdaderos expertos en el tema. ¡Convencidos, todos, de ser los garantes de la verdad!

Recién sobrepasada la “Patúnica” Berga, abandonamos la autovía C-16, atravesamos el Pantano de La Baells y tras un largo trecho por la solitaria y serpenteante C-26 alcanzamos el punto de partida: Borredà.

Los Dioses de la meteorología parecen haberse apiadado de nosotros y, por la zona, el día amanece despejado y benévolo. ¡Fuera bolsas de recambio!

Una vez acicalados para la ocasión, el pelotón se pone en marcha, descendiendo a ritmos bien diferentes, como no podía ser de otra forma, por las afueras de Borredà hasta alcanzar la Riera de Mergançol, la cual cruzamos por un puente cargado en años. A pesar de que apenas llevamos unos seiscientos metros de recorrido allí se produce la primera reagrupación de la jornada pues el objetivo del día ¡ilusos! es transitar en grupo la mayor parte de la etapa. De nada servirá llegar el primero si el autocar deberá esperar al último para dirigirnos al Restaurante.

Salvado el escuálido cauce de la riera emprendemos una subida de un par de kilómetros por una empinada cuesta, alguno de cuyos tramos está adecentado como si fuera un escalera urbana, hasta alcanzar un solitario Santuario que ninguno se digna a visitar. ¡Todos viajamos con la mochila vacía de culpas!

Transcurrida una hora de caminata alcanzamos la cota de la jornada. Allí nos   reagruparnos nuevamente y permanecemos a la espera de uno de los miembros de GRManía que ha padecido una indisposición transitoria, y se ha visto obligado a aminorar el ritmo de su marcha, y de nuestro particular coche escoba (Pepe) que se ha mantenido al lado de la indispuesta, dándole ánimos y acompasando sus pasos a los de ésta en los últimos metros de ascenso a los cielos.
Mientras ascendíamos, las nubes han vuelto a cubrir el horizonte y la humedad y el frío hacen mella en los caminantes que se mantienen estacionadoss. Sobre todo en aquellos osados que se han despojado de la empapada ropa de abrigo para permitir una mejor transpiración tras el esfuerzo de la subida.

Luego de un buen rato varados en un recodo del camino, chismorreando sobre la sorpresa que le vamos a dar a nuestro jefe supremo, a algunos la espera se les hace demasiado tediosa, y al conocer que la indispuesta y el guía se encuentran a punto de alcanzar a los anclados, y en condiciones de continuar con la marcha, se ponen de nuevo danza por una senda que discurre entre las estribaciones de la Serra de Picancel, a nuestra derecha, y la Riera de Merlés, a nuestra izquierda.

A medida que discurre la mañana el sol vuelve a ganar el duelo a los nubarrones, y tras una ardua búsqueda, el GRMano Señor Vitoria localiza una pedregosa explanada donde detenernos y proceder a dar buena cuenta del bocata jamonero que con cariño y esmero nos han preparado el Comandante y la enfermera.

Sabiendo que será el último mohicano en aparecer por el improvisado comedor, le aguardamos a escondidas, sentados y parapetados tras las letrillas de una alocada canción, para darle el primer homenaje de la mañana. La desentonada tonadilla, interpretada a múltiples voces sin coordinar, emociona al sorprendido caminante. Deducimos que por lo inesperado del detalle, pues la calidad musical del concierto es tan patética que más bien invita a derramar lágrimas de pena.

El momento del desayuno se convierte en un instante de dicha y disfrute general. Mientras engullimos el pernil, el tibio sol invernal reconforta al personal, corre el vino a raudales, se agudiza el sentido del humor, se desatan las risas, la alegría impregna el ambiente, y para postre, nuestros estómagos agradecidos se zampan, en un abrir y cerrar de ojos, los bombones que Pili ha traído para celebrar su reciente jubilación. ¡Otra más al redil de los no laboriosos! ¡Pronto habrá que hacer una fiesta al GRMano que trabaje! ¡Negro futuro el de este país!

Ingerido el desayuno nos ponemos en danza y avanzamos por un inclinado, estrecho y pedregoso canal dispuestos a salvar los muchos kilómetros de la etapa que aún nos quedan por recorrer. El ritmo de la marcha es tan parsimonioso y decadente que suerte que estos muchos kilómetros del día de hoy son pocos, pues de lo contrario alcanzaríamos la meta y comeríamos a la hora de cenar.

Un apretón mañanero me obliga a hacer una parada a escondidas entre el follaje y cuando emerjo de entre las punzantes ramas me percato de que transito en el pelotón de los rezagados. Allí viajan también: Rosa G, José C, Alexei, Pili, Fina G, Sonsoles, Ginés, José A. y el recolector oficial de GRManía, Don Pepe.

Una vez finalizado el descenso alcanzamos la planicie y nos topamos de bruces con una montaña en cuya cima se sitúa el Santuari de la Mare de Déu de la Quar, el cual, y fieles a nuestra sana costumbre, pasamos de largo sin visitar.

Los del furgón de cola avanzamos juntos hasta alcanzar el Hostal Sant Maurici (La Quar) y las edificaciones del lugar, y allí descabalgan definitivamente: Rosa G, José C, Alexei, Pili y Fina G en espera del benigno autocar. ¡Ni un paso más!
Los demás continuamos carreta abajo tras los pasos de nuestros compañeros de avanzadilla hasta alcanzar Sagás. Allí, aparcado junto a la carretera, se halla el autocar dispuesto a recoger a los que no deseen continuar hasta el final.

Como la hora aun lo permite decido continuar en solitario hasta el final, la Roca: Me lanzo, así, por el Valle del Lluçanés toda pastilla en un intento ¿baldío? de dar alcance a mis compañeros de aventuras. El ritmo que impongo a mi marcha es tan frenético que  al instante comienzo a sudar como un pollo encerrado en una sauna. En una de las intersecciones del camino me detengo y tras comprobar los datos de mi GPs me percato de que hay un sendero, fuera pista, que conduce al punto de destino evitándome dar un buen rodeo. No sin cierto temor a meter la pata y extraviarme me lanzo a toda pastilla hacía el objetivo final. A la salida de una curva del camino observo con inusitado placer la idoneidad de actuación. Mi alocado proceder me ha permitido no solo recortar la ventaja de mis compañeros, sino adelantar a un buen número de ellos, los cuales no acaban de entender a qué milagro se debe la aparición repentina de aquel caminante sin rumbo.

Concluida la etapa festiva sin percance alguno nos acomodamos en el autocar para dirigirnos al Restaurante  "Cal Quico" de Parts de Lluçanés. En el trayecto, algunos de los higienizados de atrás nos deprendemos de nuestras apestosas y zorrunas prendas de caminar y ¡torso al aire! las sustituimos por otras limpias y perfumadas. ¡No es cuestión de dar el cante a la hora de comer! ¡Finos y aseados que somos!

Al poco de adentrarnos en el Restaurante y asearnos un poquito en el servicio del establecimiento, nos distribuimos en las mesas por afinidades y poco después comienza el Mercadillo Persa típico de la Fiestas Navideñas que se avecinan: La habitual venta de la lotería, el abono de la Lumineta, el reparto de diversas participaciones, el desembolso de los gastos de la jornada festiva…. En definitiva, que movemos más dinero nosotros en esta jornada del que desgraciadamente los corruptos mandatarios que nos desgobiernan, roban, espolian y saquean han dejado en nuestra esquilmada hucha de la Pensiones. ¡Malditos miserables!

Gracias al acierto y al buen negociar de Maribel, la comida es todo un manjar y, con nuestra voracidad habitual, damos buena cuenta, sin rechistar, de todas y cada una de las viandas que van apareciendo encima de nuestros platos.

El acto festivo en homenaje a nuestro loado comandante parece todo un éxito, o al menos aparentemente ¡eso creemos! parece ser que hemos conseguimos tocar la fibra sentimental de nuestro querido fundador. ¡Larga vida a Don Pepe!

Fantástico el singular discurso de apertura de Rosa Gil resumiendo los principios y fundamentos de GRManía mediante un genuino y apropiado abecedario, aderezado  todo ello con una insuperable, sentida y genial la puesta en escena.

Magnífica la composición rimada de nuestro ausente maestro en versos D. Pedro Puerma, leída con respeto, devoción, sentimiento y perfecta entonación por parte de otro de nuestros sabios maestros en letras, D. Evaristo González.


Emotivo el montaje audiovisual elaborado por uno de nuestros geniales reporteros de cámara D. Antonio Gil;  y divertida, aunque estruendosa y desacompasada, ¡perdónenme ustedes! Jajaja… la interpretación musical de la canción adaptada por un servidor para loar las andanzas del compañero.

Acertado, práctico y servicial el regalo escogido y encargado por los miembros del comité festivo para obsequiar a los componentes de la juerguista compañía.  

Finalmente, y con cierto pesar, un sentido recuerdo para todos aquellos amigos y veteranos GRManos a quienes las circunstancias personales no les permitieron participar de la celebración. Unos por imposibilidad física y otros por imposibilidad material sabed que a todos se os echó de menos.

¡Felices Fiestas compañeros!


Restaurant "Cal Quico" (Prats de Lluçanès)
Serrat de Contacorbs
08513 Prats de Lluçanès
Barcelona
Tel.:        93 850 81 25
Mòbil:     699 922 742


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Prats de Lluçanès
Sábado, 17 de diciembre 2016.

lunes, 31 de octubre de 2016

GR4 Etapa 2 (22-10-2016)

GR4 Etapa 2 (22-10-2016)
Coll de Pal – Santuari de Falgars. 

Segunda etapa de este GR4.

De inicio las perspectivas no son demasiado halagüeñas, pues el día amanece lluvioso y el autocar, que llega con cierto retraso, se salta la parada del autobús haciéndonos caminar unos metros de más.

Una vez acomodados en nuestros respectivos asientos, un veterano GRMano interroga al conductor sobre el motivo del retraso, y éste, novato y con escasa convicción, alega que se ha perdido por entre las calles en obras de Terrassa. Justificación poco creíble, pues Terrassa es una ciudad impoluta y perfectamente organizada. Sin apenas obras en sus armoniosas calles, y con una señalización impecable cuando éstas se producen…

Superados los contratiempos, pero con cierto retraso, nos disponemos a recorrer los muchos kilómetros que nos separan del punto de partida: El coll de Pal.

El correr de la seca estación otoñal hace que la oscuridad nos acompañé durante la mayor parte del recorrido hasta nuestro punto de partida. Y más si a ello le añadimos los amenazantes y negros nubarrones que se ciernen sobre Catalunya. ¿Tantos días de sequía y se pone a llover hoy? ¡A eso se le llama mala suerte!

Después de un par de horas de trayecto, cuando el autocar se detiene en lo alto del Coll de Pal, una grisácea y densa humareda emerge de la parte trasera del vehículo como si alguien hubiera abierto la trampilla de una chimenea encendida con leña húmeda. En la retaguardia del novísimo autocar el pestilente olor se hace insoportable, y los “pacíficos” viajeros que ocupamos los asientos de cola vociferamos alocadamente para que el conductor abra la puerta y nos permita abandonar el vehículo antes de que los mortíferos gases acaben con nosotros.

Tras unos momentos de prisas y achuchones, descendemos a la explanada que hay junto a la carretera. Cogemos nuestras repletas mochilas y nos preparamos para la marcha, en descenso, que nos conducirá hacia nuestras respectivas mentas: La pobla de Lillet (grupo B), y el Santuario de Falgars (grupo A).
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Atrás dejamos la planicie de la hermosa, rica y atrayente Cerdanya para adentramos en el no menos bello, pero escarpado, territorio Pre pirenaico.

Fieles a nuestra genuina idiosincrasia, cuando apenas llevamos unos  trescientos metros de recorrido, la distancia entre los de cabeza y cola es ya de casi 250.

Nada más cruzar el torrente del coll de Pal (deshidratado a causa de la pertinente sequía), los de cabeza se detienen para proceder a la primera reagrupación. Para matar la espera extraigo de mi mochila una galleta energética que engullo con fruición y sin ánimo de compartir con nadie. A mi lado se encuentra Inés Valera, con la cara compungida, observando cómo me zampo el reconstituyente alimento sin decir ni mu. Entonces, se acerca Jaime Pavón y me pregunta si llevo alguna galleta de más y se la puedo ofrecer a su media naranja, pues ella se encuentra falta de fuerzas y no lleva ninguna en su mochila. Con resignación, le entrego las dos que me quedan. ¡Todo sea por la multitud de ocasiones en las que ella nos ha deleitado con dulces, tartas, chocolates y otros manjares de cosecha propia!

Cuando las últimas unidades alcanzan al punto de reunión (¡para qué esperar a que se recuperen!) reiniciamos la marcha por una trocha algo más marcada.

Enfrascados en nuestras banales conversaciones, los de cabeza estamos a punto de saltarnos el desvío a la izquierda. Suerte que alguno espabilado (¿Paco Ortega, Jaime…?) da la voz de alarma y nos devuelve a la senda correcta. Otros, menos avispados (¿verdad Pepe y Paco Victoria?), continúan por el camino equivocado y avanzan durante un buen trecho sin percatarse de su extravío.

Poco a poco, según vamos perdiendo altura, las despobladas praderas van dando paso a zonas recubiertas otro tipo de vegetación: matorrales, sabinares, espinos y varias clases de arbustos. En una de esas zonas, tras dejar atrás una angosta y solitaria pradera, localizamos una explanada, en pendiente, y allí nos detenemos para desayunar, recuperar fuerzas y esperar a los Grmanos extraviados  

A medida que vamos llegando al lugar nos vamos acomodando junto a nuestros queridos compañeros. La mayoría, “a pelo”, en el levemente escarchado suelo a causa de la humedad de la jornada. Otros, pocos, ¡qué remilgados ellos y ellas!, extraen de sus mochilas una alfombras de poliéster para proteger sus delicadas posaderas. ¡Hasta dónde hemos llegado! ¿Dónde quedaron aquellos sufridos trepadores y aquellas valientes alpinistas que iban a la montaña con lo puesto?  

Concluido el desayuno reiniciamos la marcha y nos adentramos en el bosque (principalmente poblado de coníferas, aunque también crecen esporádicos chaparros,  encinas, robles, álamos….). Por sorpresa, a la altura del torrente de la Bauma Roja nos topamos con una partida de cazadores. Éstos, al acecho en sus respectivos puestos, se hallan dispersos por la zona con la intención de abatir algunas piezas de jabalí, y establecer, así, el equilibrio ecológico alterado a causa de la ausencia de depredadores para los belicosos y devastadores omnívoros.

Tras charlar con uno de los batidores, decidimos detener la marcha, en espera de los rezagados, y transitar en compacto pelotón para evitar que algún despistado y solitario caminante sea confundido con uno de los fieros y asilvestrados animales y se produzca un fatal accidente en forma de perdigonada en el trasero.

Amparado en la protección del grupo detengo mis pasos y me adentro entre la vegetación para liberar mi repleta y exigente vejiga, y al abandonar mi escondite, para recuperar la senda correcta, aparezco de improviso ante los ojos de Paco Victoria que espantado exclama: - ¡Coño, que susto, pensaba que eras un jabalí!

Como nuestra capacidad parar permanecer agrupados es bastante limitada, de inmediato se estira el grupo. Unos, en su afán por correr, avanzan desbocados a todo trapo hacia la meta. Otros, más relajados, van oteando el paisaje otoñal y disfrutando de las múltiples tonalidades crematísticas de la época: anaranjados,  verdes, morados, rojizos, lilas, amarillos, marrones, grisáceos, negros... Y los más rezagados, sin prisa, pues han decidido explorar el terreno en búsqueda de setas.
Los más avezados micólogos descubren y recolectan algunos robellones y varias  clases de hongos comestibles. Otros, como yo, auténticos neófitos en la materia, no localizamos ninguna pieza y desistimos rápidamente de la inútil búsqueda.

Después de un buen rato caminando por una senda surcada en el bosque, alcanzamos una pista forestal que zigzagueando nos conduce al “Refugi de Erols”. Una Masía grande y muy bien conservada, rodeada de tierras de labranza, una huerta y un espacio cercado donde destaca una piscina. Parece ser un lugar de reposo y alojamiento para uso y disfrute de la naturaleza, pues en el lado norte de la misma se hallan aparcadas dos auto caravanas con personas dentro. Al pasar junto a una de ellas, un niño rubio y despierto montado en una bicicleta, nos saluda alegremente mientras pedalea jubiloso encima de su vehículo a pedales.

Luego de un buen trecho avanzando por la bien cuidada pista forestal, divisamos, al fondo, los vestigios de la antigua cementera de Asland, hoy abandonada. Una aparatosa, desvencijada y ruinosa y fea edificación que emerge a la falda de la erosionada ladera de la montaña, languideciendo en un lamentablemente estado de conservación, y manteniéndose en pie de forma absolutamente milagrosa.

De pronto, sin previo aviso, aunque no de manera inesperada, la lluvia hace acto de presencia y debemos protegernos con nuestra ropa de agua o cobijarnos bajo el paraguas, aquel previsor que lo ha traído y lo tiene a mano.

El benigno aguacero, que dura entre quince o veinte minutos, apenas si consigue calar la ropa de quienes no han considerado oportuno protegerse del chaparrón.

Hacia la una del mediodía, con las piernas cargadas por el constante descenso, alcanzamos La Pobla de Lillet, final de trayecto para los del grupo B.

Una vez reagrupados todos los caminantes junto al cauce del joven, manso y cristalino Llobregat, y al amparo de los socorridos paraguas, debatimos sobre la conveniencia de continuar con el recorrido previsto para los miembros del grupo A, o dar por finalizada la etapa en este punto. Pese a que alguno de los habituales integrantes del citado grupo descabalga y abandona la batalla con cierta cobardía, la mayoría de valientes optamos por continuar con la programación prevista, acometer la subida y personarnos en el Santuario de la Virgen de Falgars.

Aclarado el tema, nos despedimos de nuestros amigos y desertores, cruzamos el cauce del río, y emprendemos la ascensión en busca de la paz del Santuario.

Una leve y casi imperceptible llovizna nos acompaña durante los primeros metros de la exigente subida, la cual realizamos cada uno a nuestro ritmo y en diferentes grupos. Al poco de iniciar la misma, Florenci nos avisa de la presencia, entre la vegetación, de tres secuoyas de tamaño considerable. A mitad del recorrido nos topamos con un grupo de afanosos recolectores de setas silvestres que rebuscan escondidos entre la espesura del bosque. Y al final del trayecto nos encontramos con unas cuantas familias que disfrutan junto a sus retoños de la belleza del paraje a la vez que alimentan una fogata para realizar una suculenta barbacoa.

Alcanzada la meta, y tras observar el precioso paisaje encaramados a la atalaya de un impresionante mirador, nos dirigimos por la carretera en espera del autocar.

Transcurridos unos minutos de expectante clama nos sorprende la ausencia del autocar del lugar donde en teoría debería haber venido a recogernos.¡Suerte de los frutos secos de Ana! A su vez, problemas de cobertura nos impiden a varios de nosotros contactar con el grupo por teléfono. Por suerte, Antonio Domínguez consigue establecer comunicación con su media naranja (Antonia) y descubrimos con pesar, sorpresa y cierta incredulidad, que nuestros compañeros siguen dándole a la cerveza en el bar, en lugar de dignarse a venir a recogernos.

Fruto de la descoordinación, o tal vez debido a un mal entendido se mantienen estacionados en Sant Julia de Cerdanyola, aguardando pacientemente nuestra llegada, cuando en realidad, y según lo previsto en la etapa, deberían haber venido a recogernos al Santuario.

Una vez aclarado el tema, y con el fin de acortar la espera, iniciamos un breve descenso por la vía asfaltada que conduce a La Pobla de Lillet, hasta alcanzar la intersección de la misma con el desvío a la izquierda hacia Sant Julià de Cerdanyola.

Con bastante retraso sobre el horario inicialmente previsto nos encaminamos a  Guardiola de Berguadà para localizar un establecimiento donde acomodarnos para poder comer.

A la salida del pueblo, en un Bar que se halla al lado de la antigua carreta, nos recibe una camarera, con amabilidad, pero a la vez compungida, pensado que pretendemos a comer todos allí. Una vez aclarado el entuerto (nosotros solo necesitamos algunas mesas, mucha cerveza y varios cafés) nos acomodamos en las mesas y sillas que, previo permiso del dueño de nuestro local, expropiamos a la terraza de otro establecimiento de alterne que en esos momento está cerrado.

Cuando procedemos a colocar las mesas y sillas en la acera que discurre en paralelo a la carretera, surge el primer contratiempo, pues el sesudo dueño de una ferretería que permanece cerrada nos impide aposentarnos delante de su negocio. 

Una vez saciada el hambre, agotada la sed, y devoradas las tartas caseras de Inés y los bombones con los que el Leonés Ginés nos ha obsequiado, procedemos a devolver el mobiliario a su lugar de origen, y aquí nace el segundo malentendido, ya que aparece el dueño de los enseres y nos abronca por haberlos utilizado sin su consentimiento.
–¡Tranquilidad y buenos alimentos!- le contesta Paco Ortega. –¡ Y aclare usted el tema con su compañero de profesión, o dueño, del establecimiento vecino, que es quien nos ha dado permiso para utilizar los dichosos bártulos!

Sin la más mínima intención del conocer el resultado final de la casi segura venidera disputa, levamos anclas, abandonamos el lugar y nos dirigimos al autocar. ¡Ya pregonarán las noticias el desarrollo de la contienda si se desata la guerra ¡Esperemos que la sangre no llegue al río!

Aprovechando que el viaje es bastante largo y da para mucho (siesta incluida), Pedro nos deleita con la lectura de otra de sus maravillosas y siempre acertadas rimas, versada sobre lo acontecido en la etapa anterior. ¡Hubo quién confundió arrimar el hombro con apretar el culo!

Finalmente, y como ya os tengo a todos/as  bien enseñados, os paso el papel de la lumineta y, para sorpresa mía, todo el mundo apunta correctamente los números por él/ella escogidos  

Bar Restaurante El Senglar (Guardiola de Berguedà)
C/ Comerç 38
Teléfono 93 822 73 46

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Guardiola de Berguedà
Sábado, 22 de octubre de 2016.

domingo, 21 de agosto de 2016

A mi amigo Javier!

A mi amigo Javier!

Hola todos y a todas.

Siento no poder desearos los “buenos días” pues, para los que aquí estamos, tengo por seguro que hoy no lo son.

Con permiso de la familia, a la cual expreso mi más sincero pésame, quisiera dedicar unas palabras a Javier, a quien, desgraciadamente, hoy decimos adiós.

 No hablaré de sus virtudes pues de nada sirve ya. Tampoco de sus defectos ya que sería un cobarde. Hablaré de mi amigo Javier, al cual conocí hace casi 50 años, y que hoy, desgraciadamente, nos deja para siempre. 

Yo había llegado a Hoyos del Espino, un pueblo totalmente desconocido para mí, en septiembre de 1965, junto a mi numerosa familia; y en la escuela del pueblo conocía a mis nuevos amigos: Luis, Roberto, Pepito, Alonso, Javier (mi vecino y también finado) a su hermano Ángel, a Miguel Ángel y otros más que me perdonarán su olvido y … ¡a JAVIER! ¡El niño que no sabía pronunciar la R!

También a las niñas de mi edad, pero como por aquella época íbamos segregados a la escuela y vivíamos en mundos diferentes, a duras penas si recuero alguno de sus nombres.¡ Perdonad mi olvido y mi afrenta!

No me preguntéis porqué, pero desde el primer momento en que conocí a Javier, el hijo del cartero, algo especial me unió a él.

Durante los años de mi feliz estancia en Hoyos del Espino, Javier fue mi cicerón, mi guía por el pueblo, mi guardián, mi compañero de aventuras y desventuras, el hombro al que arrimarme… mi amigo del alma.

A lo largo de aquellos cinco maravillosos años fuimos inseparables.

Desgraciadamente, en septiembre de 1970 el destino nos separó enviándonos a estudiar a lugares muy distantes (yo ingresé en el Diocesano de Ávila y él partió a un internado en Valencia). ¡Cómo añoré su ausencia durante todos aquellos meses escolares!
A partir de entonces, nuestros encuentros se limitaron a los periodos vacacionales. Aquellos cortos, pero dulces e intensos momentos de compartir vivencias, sellaron definitivamente nuestra amistad.

Finalmente en 1973 emigré a Cataluña y perdí su rastro durante varios años.

Volví varias veces en verano a Hoyos del Espino, pero desgraciadamente no conseguí contactar con él.

Para mi ventura, recuperé su rastro uno de aquellos días que, al regresar de Gredos, volví al pueblo de visita y la diosa fortuna hizo que se cruzaran nuestros caminos. ¡Aún recuerdo el abrazo en que nos fundimos!

Desde entonces, fuimos cultivando, esporádicamente bien es cierto, nuestra amistad, hasta que el verano pasado vine en su búsqueda para entregarle un regalo: Un ejemplar de mi libro, uno de cuyos capítulos estaba dedicado a él, por ser uno de mis dos amigos mejores de la infancia. Aquella tarde de sobremesa compartimos recuerdos del pasado y elaboramos planes de futuro. Al despedirnos, quedamos para sentarnos, de nuevo en el Drakar, este fatídico verano del 2016 y seguir intercambiando experiencias.

¿Quién imaginaba que este encuentro jamás llegaría a producirse?

Desgraciadamente, hoy, en lugar de venir a ese ansiado encuentro, he venido a despedirme de ti. Todo lo que estoy contando ahora ya te lo dije a ti, pero en tu último adiós, quiero recordártelo y pedirte que me guardes un lugar a tu lado para cuando a mí me toque la vez.

¡Hasta siempre amigo! 

A MI AMIGO JAVIER

¿Recuerdas compañero
cuando éramos dos críos
y soñábamos juntos
dibujando el futuro?

¿Cuando salíamos, libres,
ya hiciera sol o frío,
a vagar por las calles
de Hoyos del Espino?

Aquellos días gloriosos.
De risas y desvarío.
De niñez revoltosa.
De juegos divertidos.

De intercambiar secretos.
De hablarnos al oído.
De saltarnos las normas.
De intentar lo prohibido.

De carreras al viento
con el simple objetivo
de vivir al momento
la dicha de ser niño.

Apenas si fue un lustro
de convivir contigo,
pero me cautivaste,
Javier, mi fiel amigo.

Hoy todo lo soñado,
lo andado y lo vivido
se visten de lamento,
de dolor, de quejido.

¿Qué funesta desgracia
se encaprichó contigo,
rasgando la esperanza
sin darte ni un respiro?

¿Quién forjó la guadaña
de sanguinario filo,
y la blandió con saña
segando tu camino?

Como lobo enjaulado.
De dolor consumido.
La ilusión cercenada.
y el corazón partido.

Ocultando, celoso,
tu orgullo malherido,
encaraste la trocha
del lóbrego destino.
                
Cuando llegó la noche,
preñada con el frío,
emprendiste la senda
por el bosque sombrío.

Hoy lloramos tu ausencia
Desgarrados, hundidos.
Ajados cual flor muerta.
Yermos como baldíos.

Sin embargo, cartero,
aunque ya te hayas ido.
Tu recuerdo a mi pena
viajará siempre unido.

Nunca olvidaré, amigo.
Que tú fuiste mi faro.
Que me diste la mano.
Que danzaste conmigo.

Que apretaste mis hombros.
Que me abriste caminos.
Que compartimos penas.
Que fuimos… ¡Dos amigos!

Allá donde descanses,
extintos tus latidos.
Donde tú estés, Javier.
¡Siempre serás mi amigo!

Descansa en paz Javier!

Hoyos del Espino (Ávila), Jueves, 19 de agosto de 2016.