domingo, 16 de febrero de 2014

GR7: Etapa 6. Hostal del Cap del Pla - Solsona. (08/02/14)

¡Jolín que gentío! ¡Ni que hubiera comilona! Y “suerte” que algunos de los asiduos/as (Nuria, Cati, Maribel, María, Antonia, Fina, Joan Lluis, Jordi…y que me  perdonen los obviados, pues mi neurona ya no da para más) han desertado y se han quedado al amparo de las sábanas, que si no… ¡no cabríamos en el autocar! A este paso los del furgón de cola deberemos renunciar a la “sana” costumbre de disponer de dos plazas para cada uno de nosotros y compartir asiento y apreturas con los demás viajeros. ¡Que injusticia!

Sea porque... hay hambre caminero, porque... se presentó la etapa como una bajada a la gloria, porque... hoy madrugamos menos, o... simplemente porque... SÍ; el caso es que el grupo presenta un maravilloso y concurrido aspecto. Un poco más y colgamos el cartel de ... ¡AGOTADOS LOS BILLETES PARA LA FUNCIÓN DE HOY!

Tras abandonar puntualmente la Sede Episcopal de Egara por la autovía de la Bauma (tal y como se está poniendo el tema eclesiástico con los “fundamentalistas señores” que nos desgobiernan, habrá que estar a bien con el clero), nos dirigimos a recoger a los “Vacariseños”. Al llegar al punto que creíamos de encuentro, nos percatamos de que los lugareños aún no han dado señales de vida. El gallinero se alborota y algunos desinformados nos preguntamos: ¿Se habrán olvidado de que hoy es sábado? ¿Tal vez se les pegaron las sábanas o no madrugaron lo suficiente? ¿Quizás no calcularon bien el tiempo necesario para atalantar al ganado y proceder al ordeño de las vacas que dan nombre al lugar? Sea como fuere, los gallos hace rato que cantaron y ellos aun no han hecho acto de presencia, o sea que…  a esperar, mientras por lo “bajini”… les maldecimos los  huesos. Sin embargo la realidad de lo ocurrido nada tiene que ver con la ficción con que este desinformado cronista pretende embaucarles a ustedes, pues los Vacariseños sí se hallaban en el lugar acordado para el encuentro, con bastante antelación incluso al horario previsto, y fue la descoordinación GRMana y el cambio de conductor (que pasó del largo por el punto acordado de recogida), los causantes del embrollo.¡ Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios!

Al son de los ronquidos, un precioso amanecer nos da la bienvenida y va descubriendo a nuestro paso los deliciosos encantos de la Catalunya central: Majestuosas “Masías” solitarias rodeadas de bosques y praderas, ganado desperezándose de la noche pasada al abrigo de las estrellas, campos de sembrados que, desafiando al frío invernal, pintan el  terreno con los primeros brotes verdes de la temporada, y … al fondo… la sierra del Port del Compte, moteada de blanco por las últimas y copiosas nevadas de los días pasados. Pero… como todo no podía ser gloria y siempre hay un “pero”... por la estrecha carretera, normalmente solitaria, berrean enloquecidos en persecución desbocada, multitud de vehículos encabritados, repletos de ávidos esquiadores en pos de los placeres de la nieve.

Partimos del Hostal del Cap del Pla, donde suponemos se come bien, y digo suponemos, pues en la etapa anterior casi no nos permitieron pisar en su interior y a duras penas olisquear, efímeramente, sus aparentemente apetitosos manjares. Algún veterano, asiduo cliente del lugar, afirma que vale la pena detenerse allí, de  vez en cuando, a reponer fuerzas y a descansar. En la explanada anexa al hostal, que hace las veces de aparcamiento al aire libre, fumando, frotándose las manos y charlando amistosamente, se concentra una nutrida partida de cazadores de jabalí. Tras un leve intercambio de pareceres, nos despiden entre sonrisas y nos aconsejan no interponernos en su camino, vaya a ser que nos confundan con los salvajes porcinos que arrasan los sembrados.

Extrañamente compactos, iniciamos la etapa dando bandazos de un lado al otro de la carretera cual borrachos inconscientes. El continuo trasiego de vehículos abarrotados de ”gentes de las nieves” desaconsejarían nuestro irresponsable proceder, pero nosotros, amantes insensatos del riesgo y la aventura, hacemos oídos sordos a la prudencia y jugamos con el peligro como el niño imprudente juega con el fuego. Afortunadamente, el trazado por la carretera es corto y rápidamente nos ponemos a salvo de los peligros automovilísticos, acomodando nuestro deambular al amparo de una senda paralela a la calzada. 

Tras abandonar el asfalto hacemos un breve rodeo en el camino (a causa de un vallado que interrumpe el paso)  y recibimos la noticia del mareo de Angelines, en el grupo trasero. Alguien propone una pausa para reagrupar al personal y esperar a la enferma, sin embargo, en ninguno de nosotros parece calar lo de la pausa y al momento nos olvidamos de la damnificada y seguimos a nuestra bola.  ¡Viva la solidaridad!

La espléndida y fresquita mañana, que nos había dado la bienvenida en la explanada del Hostal del Cap del Pla, poco a poco va empeorando y negros nubarrones aparecen por el oeste amenazando nuestro futuro inmediato.

Abrigaditos, recorremos la pista forestal oteando las proximidades del lugar en búsqueda de algún paraje propicio para desayunar. Pero el track, que debería ser nuestro guía y timón, no hace sino todo lo contrario a nuestros intereses y nos despista en más de una ocasión llevándonos por el mal camino. Ya sea fruto del citado track (posiblemente bicicletero), del palique al que algunos nos abandonamos, o del despiste de rigor, el caso es que nos vemos obligados a desandar un trozo del trayecto recorrido, a fin de evitar adentrarnos de nuevo en el asfalto y así recuperar la senda perdida.

Descendemos por un amplio camino y de improvisto, a la salida de una pronunciada curva, de entre el  arbolado, en un claro del bosque, divisamos a nuestra derecha, en las alturas que dominan la vaguada, los emergentes restos de lo que antaño fuera un esplendoroso Castillo Fortaleza. Hoy ruinas desvencijadas añorantes de un pasado de vino y rosas. Contrastando con la sobriedad de los pedruscos de la atalaya, al otro lado, hacia abajo, en la hondonada, repartidas en diferentes bancales y al abrigo de las inclemencias climatológicas, se desperezan tranquila y mansamente unas cuantas vacas y sus crías. Pacientemente aguardan a que escampe el temporal y suponemos, desean, que por el horizonte aparezcan los benefactores rayos solares que calienten sus entumecidos huesos tras otra noche más pasada a la intemperie.

Con el estómago reclamando nuestra atención, algún avispado localiza una roca plana en la linde del camino y sin dudarlo nos acomodamos de inmediato en ella para reponer fuerzas… ¡Más allí no estamos todos! pues los del grupo delantero han continuado la marcha unos cientos de metros más y se hallan cobijados al amparo de una nave en compañía de varios aperos de labranza y un buen montón de serrín ¿Será aquí dónde vienen a rellenar el cerebro nuestros banqueros, políticos, gobernantes y gentuzas varias? 

Desayunamos acompañados de ligeras gotas de lluvia que no impiden el correr de la bota de vino ni nuestro avituallamiento, pero si nos obligan a rescatar de las mochilas los chubasqueros y algún que otro paraguas. Destaca, de entre los múltiples y variados atuendos antediluvianos el llamativo paraguas ROSA de Fidel, el cual convierte a su amo, "ipso facto". en el blanco de nuestras chanzas y burlas, y hace dudar a los más “machotes” de la supuesta hombría del portador. ¡Mallas ajustadas y paraguas rosa!? ¡Ui..ui...ui...! 

Concluido el tentempié reanudamos la marcha mientras la arrecia la lluvia. Alcanzamos el cobertizo de los “refugiados” y nos guarecemos en él para localizar nuestros protectores acuáticos y vestimenta de peregrinos encapuchados. Entre los citados protectores de la “FINA”… lluvia (entiéndase por fina lo referente al agua, pues ninguna de las otras Finas GRManas ha venido a la etapa) cabe resaltar el aparatoso y gigantesco paraguas Palentino de Don Hervás, que el susodicho se agenció en la pasada Semana Santa, allá por tierras castellanas. Al parecer, el amigo Pepe quiso ser fiel al refranero Mesetario y decidió tirar por lo sano… ¡Ande o no ande siempre burro grande!  Tal vez desconociendo aquel otro refrán que dice: ¡Al que compra paraguas cuando llueve, valiendo sólo seis le cobrarán nueve! … ¡o NO…, vaya usted a saber con los Chinos!

Poco a poco la lluvia va amainando y van desaparecen los disfraces que protegían y camuflaban nuestros cuerpos. Pero como la digestión de los chorizos, engullidos anteriormente, ha ralentizado el caminar, el grupo se estira como un chicle en manos de un niño juguetón y nos vemos obligados a una nueva parada con el fin de reagrupar al personal. 

Acompañados del Negro, a nuestra izquierda, reemprendemos la marcha y descendemos en pos del punto final de la etapa para los del grupo B: El Cementerio Modernista de Olius.

(El cumplimiento, muy tardío, de las disposiciones gubernamentales dictadas por Carlos III -que obligaban a la eliminación de los antiguos cementerios parroquiales-, dio origen al Cementerio Modernista de Olius. Éste se encargó en el año 1915 al arquitecto diocesano de Solsona - diócesis a la que pertenece el municipio de Olius - Bernardí Martorell i Puig, hombre de confianza del entonces obispo de Solsona - más tarde nombrado Cardenal Francesc d'Assis Vidal i Barraquer -.Bernardí Martorell i Puig, discípulo de Gaudí - que influye fuertemente en su estilo -, fue un arquitecto modernista tardío, en el que este estilo iba siendo sustituido por el Novecentismo.

El cementerio ocupa un espacio de rocas caídas, rodeadas de encinas, en que prácticamente no se ha alterado el entorno natural. Se combinan, pues, un símbolo de la muerte, las rocas caídas y un símbolo de la vida, las encinas siempre verdes. Estos elementos - muerte y vida - siempre están simbólicamente presentes en un cementerio cristiano. La entrada está formada por un arco parabólico típicamente gaudiniano, de una gran sencillez y elegancia, que encontramos al subir por una amplía escalinata de piedra rústica. Esta puerta, no es la abertura de una valla de piedra, como es habitual en todos los cementerios catalanes, sino que es un elemento edificado entre dos enormes piedras, que con otros elementos naturales sirven de cierre al recinto. En el interior aparece un espacio relativamente ancho de planta irregular, adaptada al terreno, dónde las tumbas y los panteones en buena parte excavados en las rocas, siguen el sentido ascendente de la montaña. Sobresale un esbelto acopio de pequeñas piedras en forma cónica que culmina en una típica cruz gaudiniana de cuatro ramas - siendo el punto más alto del cementerio -. Al pie de esta construcción encontramos la tumba de los rectores de Olius, de muy sencilla factura con una estrella circular de un diámetro aproximadamente de un metro en que figura siguiendo el círculo la declinación en latín de la palabra "Muerte". Por todo el recinto encontramos panteones cortados en la roca, pero también sencillas cruces de hierro forjado y en todas ellas el nombre de las personas enterradas y la fecha de su muerte como únicas inscripciones. El mausoleo más importante es una sencilla capilla construida de piedra rústica a la derecha de la entrada del cementerio.  El cementerio de Olius integrado en la naturaleza y el paisaje del entorno, es un modelo de imaginación, expresividad, libertad, fantasía y una expresión funeraria del arte Modernista popular única en Cataluña y el mundo.)

Acabada la visita de rigor al monumento artístico-funerario nos despedimos de nuestros compañeros de fatigas y sin orden ni concierto, “campi qui pugui”, ponemos pies en polvorosa hacia Solsona, la cual dista apenas unos 5 Km. En apenas una hora recorremos el embarrado trayecto saltando charcos, uno aquí otro allá, hasta llegar a las puertas de la capital del Solsonés. Un grupillo de desorientados peregrinos necesitamos recabar cierta información de los lugareños para orientarnos y dirigirnos al Casal del pueblo, lugar de reunión. Procesada la misma, nos adentramos por las callejuelas del centro histórico de la antigua Sede Episcopal a fin de localizar el Bar del Casal donde ya nos esperan nuestros compañeros a mesa puesta. Previamente me dirijo al autocar a recoger mis vituallas en compañía de Carmen, la cual no dice ni mu en referencia a lo que ella ha ido a buscar. ¿Qué secreto esconde su bolsa?

La comida transcurre en plena armonía entre bromas, sonrisas y chascarrillos varios. De improvisto, aparecen por doquier varias cajas de deliciosos bombones para conmemorar el cumpleaños de nuestra querida Carmen. ¡Desvelado queda el motivo de su viaje al autocar hace un rato! ¡Gracias y Muchas Felicidades, amiga! ¡Que usted cumpla muchos más y nosotros que lo veamos!, o … como decía mi abuelo ¡Muchas  veces!

Hoy, para no perder la repetida costumbre de las últimas fechas (lumineta y lotería) la mayoría debemos pasar por caja doblemente: Una, para abonar los gastos de la romería y,  otra, para adelantar fondos para la reserva del camino de Santiago de la próxima Semana Santa. Rafael, papel en mano, recoge los caudales y anota nuestra opinión sobre el medio de transporte preferido para el desplazamiento a León. Sus buenas y democráticas intenciones no consiguen deshacer el entuerto y lo dejan todo en el aire, pues se produce lo que se conoce como un empate técnico en la consulta, enredando aun más, si cabe, la madeja.

El trayecto de regreso a casa se realiza sin contratiempos, a una hora extrañamente temprana para la costumbre. Tanto recortar, recortar,  al final las etapas serán simple y llanamente de calentamiento.... jajajajaja.

A la altura de Vacarisses, el autocar debe detenerse para facilitar el descenso de los lugareños, pues al parecer estos "señoritos"... ¡aún no han aprendido a bajarse del vehículo en marcha! 

Solsona, sábado 8 de febrero de 2014.

Blog de Gramania: 

Fotos Rafael:  

Fotos Antonio Gil: 

Hostal del Cap del Pla:  

Bar Casal de Solsona : 




domingo, 19 de enero de 2014

GR7: Etapa 5. La Coma - Hostal del pla. (12/01/14)

¡Año Nuevo… vida nueva¡ ¡O eso dice refrán!

Si hacemos caso a los voceros de turno, parece ser que el 2014 será el año de despedida de la crisis. ¡Ja...ja...ja! ¡No se lo creen ni ellos! ¡Recortes y más recortes! ¡Los ricos cada vez más ricos! ¡Los pobres cada vez más pobres!... ¡La clase media al limbo! Para mí, nunca fue una crisis sino una estafa en toda regla, y como de la estafa ya no nos libra nadie, de la crisis nadie nos sacará. 
Simple y llanamente…  ¡Nos han desplumado para enriquecerse ellos!

Quizás, para encarar el futuro con optimismo, GRmanía sea una de esas ventanas al aire que nos quedan: amistad, diversión, risas, naturaleza, aire libre, deporte, esfuerzo, perdida, encuentros y por supuesto…  “Comilonas”… de vez en cuando.  ¿Quién no quiere pertenecer a este fantástico grupo que nos regala tan halagüeñas perspectivas?

Parece que fue ayer cuando nos despedíamos en la Coma (a grito pelado, con el buche lleno y la esperanza de ser agraciados con un pellizco en la lotería o al menos la magnífica panera), pero hace ya “un año”  que no nos vemos.  ¡Cuán lejos queda 2013!

El ansiado reencuentro sirve para compartir nuestros mejores dedeos de prosperidad de cara al recién estrenado 2014. ¡Por deseos que no quede…!  ¡Otra cosa será la realidad del devenir de los días!

Las bajas de última hora hacen que la concurrencia de hoy sea menos numerosa que de costumbre, aunque no por ello menos ruidosa. La sola presencia de los folloneros de siempre minimiza las ausencias y agita el gallinero.

Después del atracón Navideño, el empacho turronero y la saturación alcohólica ¿Qué mejor medicina que una buena caminata para desengrasar el cuerpo, liberar toxinas y alegrar el alma? Sin embargo, cosa rara, algunos/as  deciden quemar la mínima energía posible  y aplicar los consabidos recortes a la etapa. ¿Quiere eso decir que han hecho  menos  excesos festivos que los demás? Me temo que NO, sino que se dejan seducir por la verborrea  y los buenos propósitos de Cisco y José Antonio.  Y la verdad es que  viendo la pachorra con que nos recibirán, al final de la etapa, la cara de felicidad que muestran, y el “botellerío” que les rodea en las  mesas , uno duda si no sería mejor tirar la toalla, admitir el error, y unirse definitivamente a ellos/as.

La niebla que nos acompañó de madrugada, y durante el trayecto hasta los albores de la Coma,  se va disipando poco a poco y la mañana invita a caminar. Recién iniciada la etapa, el veterano Grmano J. Valls, se descuelga del grupo y P. Hervás se "ofrece" “voluntario” a esperarle,  ralentizar sus pasos y hacerle compañía.  Contrariamente a lo esperado, la pareja de rezagados no solo nos se esmera en alcanzar al grupo, del cual se desgajaron, sino que se enfrasca en una profunda y absorbente conversación que les lleva al despiste, viéndose obligados a realizar un rodeo, por la carreta, para llegar a Sant Llorenç de Morunys, primera parada del trayecto. 

Los jefes de la avanzadilla, conocedores del lugar, localizan una plaza bien provista de bancos donde nos aposentamos a desayunar. A medida que van desapareciendo los bocatas van apareciendo excedentes de los típicos dulces Navideños: turrón, bombones, chocolate...  ¡Qué mejor momento que éste para acabar con ellos y así evitar la tentación de tenerlos al alcance en nuestras casas!   En ello estamos cuando alguien ¡pobre inconsciente! deja escapar de su boca, la posibilidad de hacer una excursión al Bar para tomar algo calentito.  Poco a poco se va produciendo  una desbandada general y el desayuno se alarga más de lo previsto, pues a la toma del café o las infusiones  se añade, el calorcillo del establecimiento, la plática, el cotilleo, el paso por los lavabos o las compras varias.

Para sorpresa general, después de los postes, aparece el consabido termo de té. ¡Pero no el de Cati, no!...  ante su ausencia, el portador de la citada infusión es.... ¡su amigo José! Bien sabe Dios que, el individuo, buena atención debió prestar a las explicaciones, pues en nada desmerece al de su maestra. 

Terminado el repostaje reemprendemos la marcha en compacta armonía. Después de las sufridas jornadas Pirenaicas, en las cuales las subidas agotaban y dejaban sin aliento al personal, la de hoy es una etapa liviana y fácil de transitar que apenas hace mella entre los presentes.  ¡Pocos gramos vamos a perder con tan poca exigencia! El tramo más duro de la etapa se limita a la ascensión que hay a la salida de Sant llorenç de Morunys y que acometernos, como es costumbre, con la digestión en pleno apogéo. 

En el ascenso, a nuestra derecha se divisa la Sierra de “El Port del Compte” . Contemplada  desde la lejanía, uno duda que,  en su estado actual, muchos sean  los esquiadores que se deslicen por sus pistas, pues la escasez de nieve es evidente.

El paisaje que circunda la cima se asemeja, en cierta manera, al que podríamos encontrar en los múltiples  rincones de la Sierra de Sant Llorenç  de Munt: barrancos, cortados, pedregales, arbustos, matorrales, la fragancia del tomillo y el romero,  otras variedades de plantas silvestres, arbolado de encina, roble y alguna que otra conífera. 

Mientras avanzamos por los caminos del lugar, algún agorero comenta que hasta aquí también parecen haber  llegado los recortes: ausencia de nieve, escasez de agua, presencia testimonial del hielo, temperaturas altas para la época. La verdad es que para lo avanzado de la estación en que nos encontramos, la climatología y el estado general de campos y montañas parece más bien propio de otra estación y no precisamente el invierno.  

Al compás de los pasos dejo volar mi mente y a ella regresa la estampa de una infancia gozosa vivida en un pueblo de montaña. Recuerdo como si fuera ayer, con precisión y multitud de detalles,  aquella época pasada en la cual, el blanco de la nieve, cubría el paisaje  con su inmaculado manto blanco.  Cómo los adultos se veían obligados a hacer veredas en las callas del poblado para que las gentes del lugar pudiéramos transitar por ellas!  ¡Cómo las heladas convertían los charcos, las embarradas callejuelas y los húmedos lugares de paso en pistas de patinaje!  E incluso… ¡cómo los arroyos se podían transitar, sin miedo a ser engullidos en su cauce, ante el grosor de la capa de hielo que cubría la parte superior de sus cauces! Los jóvenes dirán que esto, no son sino, batallitas de abueletes, o los más finolis lo achacarán a que casi todo se está volviendo light y no solo la Coca-Cola.

A punto de alcanzar la cima, en lontananza, distinguimos el movimiento de los compañeros/as del grupo delantero. Gesticulamos, hacemos aspavientos, gritamos y vociferamos como posesos endiablados para ver si conseguimos captar su atención, pero la distancia que nos separa de ellos es tal que nuestro  esfuerzo cae en saco roto y debemos abandonar la empresa sin alcanzar el objetivo propuesto.

Primero por la carretera y después por una senda paralela a la misma,  reiniciamos la andadura en persecución de los “recortadores”.  En nuestro deambular por el sendero, apenas transitado, pateamos las múltiples matas de tomillo que crecen descontroladas por doquier y de ellas emerge una embriagadora fragancia que impregna el ambiente y  nuestras ropas.

El tramo final de la etapa consiste en un descenso farragoso y de difícil transitar (¿tal vez el cauce de un riachuelo de temporada?) que nos obliga a caminar por una trocha pedregosa e incómoda. La marcha se ralentiza y nos  obligada a concentrarnos a fin de cualquier traspiés, padecer  algún resbalón o evitar las indeseadas e incómodas torceduras de tobillo.

De improvisto, el bosque y la trocha desparecen, el horizonte se despeja ante nuestros ojos y nos topamos con el Hostal del pla. A las puertas  del lugar, en la calle, a la solana  y por lo que “parece” perfectamente “hidratados” nos reciben, sonrientes, nuestros colegas,  junto a un montón de botellas de cerveza vacías, posadas encima de las mesas. ¡Vaya con los abstemios!

Como era de esperar…  ¡No damos el perfil!... no somos admitidos en el interior del abarrotado lugar. Procedemos, pues, a  recoger los bártulos y dirigirnos a Solsona para comer.  Más de uno nos  quedamos con la gana de probar esas gigantescas torradas de pan que, pinchadas en un hierro, los paisanos van dorando en la abrasadora lumbre de leña que calienta el local.

Para no perder la tradición, en la búsqueda del lugar donde reponer fuerzas, somos víctimas de la pérdida habitual. Sin embargo, a consecuencia  del extravío momentáneo,  disfrutamos de una visita cultural por las céntricas e históricas calles de Solsona. Al pasar junto al campanario, donde antaño despeñaban la cabra, se observa la presencia de una tarima y tras ella una inmensa estelada, que algunos aprovechan para inmortalizar el momento.

Retomado el rumbo correcto localizamos el Casal del pueblo (local ya visitado en alguna que otra ocasión) y allí nos acogen gustosamente. ¡Alegría inesperada para la paupérrima caja del lugar! ¡Cuantos más borrachos haya, más pesetas al cajón!

Tomamos posesión del lugar, nos acomodamos, procedemos a vaciar las mochilas y llenar el estómago. En estas andamos cuando Paco Ortega sugiere abonar la lotería.  Al momento, un tropel de GRManos descontrolados se abalanza sobre el benefactor para solicitar sus eurillos. ¡Ni cola, ni orden, ni espera…! ¡ADIÓS A LOS MODALES ¡ El banquero en cuestión se ve obligado a llamar al orden al personal a fin de poder proceder al reparto. Momentos después se produce la llamada del Sr Ministro de finanzas al pago de las costas del autocar, pero entonces,…,  ¡MILAGROSAMENTE!.. la mayoría hacemos  oídos sordos a la cita,  y deben ser el Sr. Ministro y su “contable” quienes se desplacen, mesa por mesa, hasta donde nos hemos anclado los “sordos” viajeros, para arrancarnos los cuartos de los bolsillos.

Solsona, 12 de Enero de 2014.

Blog de GRManía:

Fotos Rafael Cañero







lunes, 13 de enero de 2014

GR7: Etapa 4. Del Molí de Fòrnols a la Coma (14/12/13)

Del Molí de Fòrnols a la Coma  (14 de Diciembre de 2103)
(Un meón entre tragones)

Cómo añoro aquellos tiempos, no tan lejanos, en los cuales la memoria era mi aliada y me permitía actuar sin apuntadores en la retaguardia. Cuando no necesitaba escribir los quehaceres para no dejarme la mitad en el tintero y podía improvisar a mi antojo.

Sean los años, el desgaste o quizás el abandono de la práctica mental, los causantes del deterioro, el caso es que de un tiempo a esta parte (y cada vez más a menudo) o me apunto las cosas u olvido la mitad de las que debería hacer. ¡Sí… sí… no os  riáis que a la mayoría de vosotros os pasa lo mismo!. Ya se sabe: “Mal de muchos consuelo de tontos”.

Viene esto a coalición por el descuido imperdonable del otro día que me condenará de por vida a ser… “El meón de GRManía”, ¡Y no… no estoy de la próstata… como algún falso amigo insinuó y pretendió hacer creer a la masa! ¡Simple y llanamente fue un olvido!. Imperdonable si queréis, pero olvido a fin de cuentas.

Y es que con tanto quehacer a uno se le fue el santo al cielo y pasó lo que pasó.
Que si la mochila… que si la ropa de recambio… que si el cuadrante…que si el dinero de la lumineta… que si el cava, que si el Gps, que si las pastillas para la tos, que si., que si… que si…en fin… ¡que me olvidé de descargar aguas antes de salir de casa!... y, a pesar de mis intentos desesperados por ocultar la realidad, me vi obligado a reconocer mi decadencia, agachar las orejas y parar el autocar a medio camino.

Y mira que procuré por todos los medios, habidos y por haber, dominar el pánico, desviar el tema de mi mente y autoconvencerme de que no era para tanto… y que yo podía aguantar hasta la llegada. Intenté dormirme, pensar en momentos dulces de la vida, mantenerme atento a las conversaciones de mis vecinos/as del autocar, relajarme y un sinfín de cosas más. Pero nada… todo acababa convergiendo en mi repleta vejiga. Hasta que finalmente y para no humedecer mis pantalones de supuesto adulto tuve que claudicar. ¡Más vale que se mofen de uno por detener el autocar para liberar la vejiga a que lo hagan por mearse encima!.

Si a esto añadimos la afonía que me acompañaba desde la jornada anterior y el aterrizaje forzoso que padecí en el camino (leve pero gozoso para “algunos”) puede afirmarse, sin lugar a dudas, que fue una jornada redonda para este Grmano.

¡Casi hubo que colgar el cartel de completo en el autocar! A ojos vista se palpaba la festividad de la jornada y nadie ocultaba que el objetivo final del día era, simple y llanamente, la Comilona. Todo eran parabienes, sonrisas y bromas; y nulos los deseos de caminar.  Tales fueron los recortes, opciones y grupos,  que alguno apenas si dio más pasos que los que separaban el autocar del Restaurante y viceversa.

Las bajas temperaturas nocturnas habían dejado sus huellas, en forma de haladas, en los caminos y sus lindes. Embelleciendo el paisaje con un ligero y resbaladizo manto blanco que hacía mella en los escasamente curtidos rostros del personal  y demás partes corporales sin guarecer.

Tras unos Kms de calentamiento por una pista forestal, alcanzamos Tuixent y en una plazoleta, a la solana, recuperamos fuerzas y calor, al amparo del vino, los chistes, las bromas, las conversaciones y el intercambio de pareceres.

Como no podía ser de otra manera, tras el almuerzo, la, siempre maldita, inapropiada y prolongada cuesta de rigor. O lo que es lo mismo: al esfuerzo de la subida añadimos la pesada digestión de los bocatas para aumentar el castigo del personal. Entre jadeos y quejas lastimeras alcanzamos la cima y, raudos y veloces, enfilamos el descenso por el camino en pos del Restaurante.

La bajada, prolongada y pedregosa, nos regaló la típica pérdida pasajera, varios resbalones y alguna que otra caída, que aunque no dejó consecuencias físicas en los sufridores, sí sirvió de escarnio, regocijo y cachondeo generalizado entre los más jocosos de los presentes.

No se sabe si a consecuencia de la velocidad de los de atrás, la parsimonia de los delanteros, las ganas de llegar, o el olor de las viandas que íbamos a degustar, el caso es que llegamos todos sorprendentemente puntuales, compactos y sin extravíos a las proximidades de la Coma.  En sus paledaños, nos desviamos levemente a la derecha para hacer una visita turística a las Fuentes de Cardoner. A pesar de que el caudal que manaba de las entrañas terrestres, dando origen al río, era más bien escaso, el lugar (adecentado como zona de Picnic) emanaba belleza, placidez y  sosiego e invitaba al reposo de los/las guerreros/as.Tras degustar el líquido elemento y dar por terminada la excursión, en nuestra huida, nos topamos con un grupúsculo de “jóvenzuelos insersistas” que caminaban en sentido contrario al nuestro con la intención de ocupar nuestro lugar en el idílico paraje.

Un corto rodeo en el camino nos situó junto al autocar. Mientras los más aparcaban sus mochilas en el lugar pertinente, otros y otras GRManos decidieron sustituir sus sudadas prendas interiores por otras limpias y menos pestilentes, para afrontar la comida sin atufar al sujeto de al lado, pero como la mayoría había optado por permanecer tal cual, pues el olorcillo no llegaría a desaparecer y nos acompañaría discretamente durante la comida y los actos festivos.

En tropel y sin apenas tiempo que perder, nos acomodamos ruidosamente en el Restaurante dispuestos a devorar cuanto pasara por delante de nuestros ojos.
El ágape, (hablo por mi experiencia) me pareció abundante, bien condimentado, variado y con una muy buena relación calidad precio. Gracias a nuestro amigo Carlos por la organización y por la elección del sitio y los manjares!.

A pesar de que “algunos” tuvimos que luchar, a brazo partido, con “otros” para vaciarles el bolsillo con la lumineta y la lotería, las risas fueron permanentes y el buen humor y la camaradería GRMana (siempre habitual) nos acompañó en todo momento.

Como viene siendo costumbre en GRManía, al finalizar la comilona se procedió al reparto de los típicos regalos navideños (cava y calcetines este año) y amenizamos la sobremesa con cuentos navideños, lecturas, reconocimientos varios y felicitaciones generalizadas; destacando, por encima de todo, nuestros mejores deseos de recuperación para aquellos que están pasando por momentos difíciles.
Finalmente y para cerrar el año GRMano, al son de la guitarra del ripioso Don Pedro, dimos rienda suelta a nuestras melódicas y cantarinas voces. Entonando (o mejor dicho desentonando) múltiples y variados villancicos Navideños “Made in Cati”; con tal pasión y brío que aquellos, lugareños o forasteros, que nos escuchaban desde el Bar de al lado, seguramente dudaron del estado de alguno de nosotros y pensaron que más de uno/a habíamos perdido el oremus o empinado el codo en demasía.


Fuese la comilona, el vino, el cansancio o la felicidad, el caso es que el retorno a casa transcurrió en placida y silenciosa armonía, rota, eso sí, esporádicamente por algún que otro ronquido al compás  y ritmo de los cabezazos de los dormilones de turno.

(La Coma i la Pedra, 14 de Diciembre de 2013)

jueves, 19 de diciembre de 2013

¡Si Yo fuera Presidente! La Coma (14-12-2013)

Recuerdo un programa de Fdo García Tola que emitía TV2 en los años 83, 84 y 85 (Si yo fuera Presidente). El contenido del cual versaba en torno a peticiones de los espectadores, quejas y demandas ciudadanas. El periodista plantea las medidas que sería recomendable que el Gobierno adoptase, especialmente en materia social. ¡Ay materia Social, que tiempos!

El 16 de octubre de 1984, Rogelio Baón, vocal del Consejo de Administración de RTVE por el Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, solicitó el aplazamiento de uno de los programas de Si yo fuera Presidente que contaría con 100 militantes de distintos partidos políticos para debatir sobre la situación de España, por considerarlo grave deterioro para la imagen y funciones del Congreso de los Diputados. El 11 de abril de 1985, la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado de protesta contra la emisión de unl espacio en el que se vertieron opiniones que consideraron que atentaban contra los sentimientos religiosos del país.

¿Os suena de algo? ¡30 años tirados a la basura! Pues ese es el futuro que quieren para nosotros nuestros “gobernantes” y nuestro silencio es lo que mejor contribuye a darles alas.

Si yo fuera Presidente…¡Dios os libre de votarme! cambiaría tantas cosas: Para empezar… la ley electoral, después disolvería los parlamentos (de aquí y de allí) y mandaría al paro a todo esa pandilla de manipuladores, tramposos, prevaricadores y corruptos degenerados.

Si yo fuera Presidente… ¡que no lo soy!...gobernaría para el pueblo y no para los bancos; para todos y no solo para los que me votaron. Dejaría de prohibir, reprimir y promover leyes retrógradas que solo les benefician a ellos, los mafiosos, y me dedicaría a solucionar los problemas del país. Potenciaría la sanidad y la educación pública, y la justicia para todos y no solo para los ricos. Eliminaría la religión de las escuelas y la limitaría a los templos y las casas. Dialogaría y abriría los ojos a la realidad de las gentes del país. Uffff cuantas cosas por hacer!

Si yo fuera Presidente… ¡Ay… Ay… Ay…! les diría a los trabajadores de Canal Nou que no es ahora cuando perdieron su empleo, sino el día en que con su ignominiosa connivencia con la manipulación y la mentira se plegaron a la corrupción de los chorizos de siempre. Les dirá también a los medios de comunicación públicos que me asquea que se malgasten mis impuestos en instrumentos tan tendenciosos, y que no derramaré ni una solo lágrima si un día todos ellos van a la calle.

Pero…como ni lo soy… ni lo seré, soñaré con que soy Presidente de… Grmanía.

En ese caso eliminaría los madrugones y a partir de año nuevo saldríamos a las 9 de la mañana en lugar de a las 6. Al carajo eso de que “A quien madruga Dios le ayuda”

Buscaría empresas patrocinadoras (¿Qué tal Yogures Griegos, Bancos Españoles o Maquinaria Portuguesa?) para esponsorizar los viajes y que éstos nos resultaran gratis. Pagaría de mi bolsillo las cervezas y cafés de cada etapa. Regalaría la lotería y la lumineta. Invitaría a las comidas de Navidad y final de temporada. ..

Animaría a los de delante a NO correr tanto ni a los de atrás tan poco, para cohesionar el grupo y recorrer las sendas en compacta armonía.

Erigiría a D. Ginés como ministro de justica, pues me parece un caballero serio, honesto y cabal capaz de legislar como Dios manda.

Mantendría en su puesto a nuestro ministro de finanzas (D. Cesc) y, aun reconociendo que la seriedad y la discreción son dones de aquellos que cuidan de lo ajeno, le animaría a que desvariara y se riera a carcajada suelta, como hacemos los demás, de vez en cuando.

Respaldaría los ministerios de Don Hervás, Don Paco Troya, Don Ortega, Mª Morales, Carlos y demás colaboradores, pues sin su dedicación, su trabajo y sus dotes organizativas en la sombra, esto sería ingobernable.

Nombraría a Don Ferrer y a D. Jaime Pavón ministros Caminos Canales y Puertos y les animaría a sustituir sus tracks por unos cencerros colgados del cuello de algunos de nosotros, para ver si el tañer de los campanos mantenía agrupada la manada y evitaba las pérdidas.

Concedería el cargo de ministros de artes plásticas a Antonio Gil y Rafael, pero les exigiría que fotografiaran la realidad que vemos todos y nos las maravillas escondidas que solo ellos son capaces de descubrir.

Ascendería a Evaristo al ministerio de Educación para que mandara a la mierda (con perdón) la LOMCE y la LEC, desposara a Wert con la Rigau y los desterrara del país de una… para siempre. Eso sí, previa esterilización de ambos.

Solicitaría para Don Pedro el Premio Nacional de Poesía, pues sus ripios no son merecedores de menor recompensa.

Sustituiría a Rouco Varela por Don Jaume Valls y seguro que nuestra conciencia y nuestra alma se lo agradecerían. Pero, eso sí, haría obligatoria la Romería a Montserrat para poder ganar el perdón de los pecados.

Otorgaría el cargo de ministro de cultura, al aire libre, a D. 6Q para que siga organizando esos eventos montañeros, allá por Gisclareny, a fin de relajar el espirito y liberar de toxinas los cuerpos Grmanos, y de paso le sugeriría a Ana que les pasara la minuta de Chef a los tragones de tales encuentros.

Propondría a Don Antonio Domínguez como ministro de sanidad y dientes sanos para que conservara nuestro paladar como merecemos, y elevaría al altar de sanitarias de honor a nuestras eficientes enfermeras (Paquita, Fina. Fátima, …) para que atendieran nuestros percances y lesiones de errantes camineros.

Investiría a D. José Antonio como ministro de Mentes, para que velara por nuestra cordura y nuestro bien hacer, y le obligaría a seguir explicándonos chistes para alivio de nuestra congoja.

Cultivaría la amistad de Don J. Herrara, pero le exigiría que me eliminara de sus listas de maquillaje para los próximos 50 o 60 años.

Aconsejaría a la plaga de docentes que nos rodean, que hicieran el favor de enseñarnos algo de provecho… tal vez una nalga o algo por el estilo.

Encargaría el cargo de Ministra de relaciones públicas a Cati ¡Como domina el arte la moza! Que necesita un escrito para las celebraciones… pues te halaga, minimiza tus defectos, te engatusa exagerando tu valía, te cautiva con su sonrisa y su zalamera palabrería, hasta que…¡ZAS! sin darte cuenta caes, como un pardillo, en sus redes y ¡hala! a romperte la crisma para escribir cuatro tonterías.

Sugeriría a los “pensionistas” que no paren de patear caminos pues, con sus idas y venidas, mantienen abiertas las sendas y, con su desgaste de suelas y articulaciones, dan trabajo a zapateros y traumatólogos.

Invertiría parte del presupuesto GRmano en sacos de paciencia para reponer la cantidad infinita que de ella hacen gala la totalidad de los miembros del grupo.

Prohibiría, ¡ALGO HABRÁ QUE PROHIBIR, DIGO YOOO! que Gramanía perdiera su alegría, su diversidad, su tolerancia, la citada paciencia, la empatía, la cordialidad, el altruismo, la camaradería y… el perdón de los pecados. En definitiva la idiosincrasia que hace de este grupo algo tan GRANDE.

Pero por encima de todo, animaría a las personas que están pasando por duros momentos (va por ti Sonsoles) a seguir luchando. La vida es algo maravilloso que nos obliga a no bajar jamás los brazos. La recuperación, amiga, está a la vuelta de la esquina, y no tengo la menor duda de que nos quedan muchos caminos por recorrer, muchas palabras por intercambiar y muchas experiencias por compartir.

Finalmente y para alegría de todos vosotros/as, despediría, al instante, a este pedante cronista que os martiriza con sus sesgadas opiniones, sus WhatsAps, sus correos, sus insufribles crónicas, su sarcasmo y sus desvaíros lingüísticos.

Aunque quizás, como Presidente, lo primero que debería hacer es presentar ¡YA MISMO! mi dimisión, pues quién sabe si una vez en el poder, no sería, YO, tan corrupto, mentiroso y prevaricador como esos a los que tanto desprecio. En definitiva, que como decía mi abuelo: “Es más fácil predicar que dar trigo”.


Fotos del Blog de Antonio Gil
http://www.antoniogil.com/wp/

Fotos de Rafael Cañero.
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Fotos de Josep Ferrer.
https://plus.google.com/u/0/photos/110482854746201628773/albums/5958028783852651521/5958028786156351794?pid=5958028786156351794&oid=110482854746201628773

GR-7 Etapa 4 Molí de Fórnols-Tuixent-LaComa:
http://www.grmaniaweb.blogspot.com.es/p/gps-en-accion.html
http://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5785441

La Coma (14-12-2013)

lunes, 18 de noviembre de 2013

GR7 Etapa 3. La seu d'Urgell-Fòrnols del Cadí. (09/11/13).

Dice el refranero que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Pues bien, dicha sabiduría popular podría aplicarse perfectamente a uno de nuestros ilustres GRManos que, al percatarse del tamaño del autocar, y temiéndose lo peor, exclamó:
- ¡Quién habrá sido el lumbreras que nos ha enviado un vehículo de más 15 metros para transitar por carreteruchas de alta montaña!
Y es que la experiencia es un grado del que la empresa que nos transporta parece carecer, pues se empeña en actuar contra él y la lógica. A saber: ¡Que la carretera es estrecha!… ¡Vehículo largo! ¡Que hay que ascender un puerto!...  ¡Motor gripado! ¡Que el viaje es largo! … ¡Habitáculo estrecho! ¡Que la ruta es compleja! ... ¡Conductor novato!... ¡JESÚS QUE CRUZ!

Muchas son las virtudes de GRManía, pero convendréis conmigo en que los escasos defecillos que "atesora" son incorregibles y la ausencia de “ciertos” veteranos responsables los pone, irremisiblemente, de manifiesto al instante.

Hoy, la “espantada” de Ginés convierte el acomodo en el autocar en una invasión descontrolada, sin la menor preocupación por los rezagados o ausentes. Solo tras recorrer unos cuantos Kms por la autopista algún iluminadao tiene la brillante idea de contar a los presentes. De los no aparecidos (¡suponemos que nadie se quedó en tierra!)…¡ni MUUUU!. ¡Ginés… sin tu control… el caos!

Mientras unos dormitan, otros charlan y los de “siempre” vociferaban, el alba da paso a la mañana y, entre nubes y colores, asistimos al nacimiento de otro precioso día de oblicuo sol otoñal. ¿Existirá en invierno?

Fieles a la tradición GRMana (quién sabe si por mor del chófer, los Gps o tal vez… “el Jefe ése”) dedicamos un buen rato (de idas, venidas, pérdidas y encuentros) a recorrer la Seu y sus aledaños, hasta dar con el  punto de partida. ¡Excursión no programada pero habitual en nuestras huestes! ¡Antes de empezar a andar ya echamos de menos a don Joesep Ferrer y sus Tracks!

A la vera del mísero y desolador caudal del río Segre, iniciamos la ruta en pos de la primera dificultad de la mañana. Dejamos atrás las praderas colindantes, donde las vacas, mientras rumian el forraje ingerido, amamantan pacientemente a sus talluditos terneros. 

Suerte que nos guía Don Jaime Pavón, pues la ruta no está demasiado bien señalizada y es proclive a la pérdida. Éste, (embelesado con su amada) y en su afán por dejar su prestigio (de novato marido en rodaje) a la altura que le corresponde, se esmera en los detalles y nos conduce (¡algo descarriados, esos sí!) por una empinada senda entre el arbolado, sin el menor contratiempo. 

El ascenso, largo y exigente, altera el ritmo cardiaco, agita la respiración de los caminantes y fragmenta definitivamente el pelotón. 

Mientras algunos arrastramos los pies suplicando el final de la tortura, Jaime nos adelanta a toda pastilla, llevando en volandas, de la mano, a su amada Inés. Deduzco de ello, que el ir agarrados mitiga el esfuerzo y aligera la cuesta, por lo cual propongo a mi amigo Joan Lluis ascender el tramo final cogiditos de la mano. Sin embargo, éste, me lanza una mirada asesina que me "invita" a reconsiderar la petición y a desistir de mi empeño.

El agostamineto del terreno demuestra a las claras la pertinente sequía que nos persigue. ¿Tal vez las nubes se enemistaron con el agua? Sin embargo, a punto de coronar la primera cota, nos topamos con un espectáculo mágico: El rocío de la mañana (al impregnar de humedad las telarañas) ha cincelado unas maravillas de la naturaleza que nuestros reporteros plasman con voracidad.   
     
Quien más quien menos corona la ansiada y exigente cima hambriento, sudoroso y cansado.

El alto nos regala unas preciosas panorámicas del lugar: Un despejado e inmaculado cielo azul, las majestuosas altitudes Pirenáicas, la variedad cromática de la vegetación otoñal, la niebla matinal bajo cuyo manto suspiran los valles, las vacas pastando su ociosidad por las mustias praderas.  

Hay quien (gracias a la pericia de otras) ¿verdad 6Q?), sorprendido y con cara de gratitud, recupera las llaves de sus bólidos, extraviadas más abajo, sin que él, despreocupado  propietario, fuera consciente de su pérdida. ¡UFFF... que susto!

A la solana, mientras reponemos fuerzas, charlamos, reímos y hacemos correr la bota, de mano en mano y sin descanso, hasta consumir  la última gota de morapio.

Finalizado el ágape, reemprendemos la marcha por un terreno pedregoso y de apariencia volcánica (nada que ver con tal fenómeno) a un ritmo endiablado. La carrera de locos desaconseja la más mínima pausa;  ya sea para miccionar, quitarse la chaqueta o simplemente acomodarse la mochila. Algún despistado (¡Joan Lluis, Joan Lluis!) desafiando a las circunstancias se detiene a liberar alguas y se ve obligado a caminar, acojonadillo y en solitario, creyéndose perdido durante un buen rato, hasta vislumbrar, por fin, la espalda de los últimos compañeros de fatigas. ¡Menudo canguelo!.

Una escarpada y peligrosa verada, en pendiente, nos conduce a la segunda elevación del trayecto. El lugar, de apariencia lunática: árido, inhóspito y desarbolado, nos recibe solitario con sus bancales deshidratados y sus capas de estratos de tierra y pedruscos.

La observadora Maribel localiza en suelo del lugar una gran cantidad de huellas de ungulados. Un detallado estudio del fenómeno y su consecuente discusión, nos lleva a la conclusión de que parecen no ser nuestras, pues las redondeadas marcas (que dejaron las pezuñas de su dueños) se asemejan bastante a las de los caballos y … ¡Nosotros tenemos más bien pinta de borricos!

La pericia de un servidor, tras otear el horizonte, despeja las dudas y confirma la procedencia de las mismas. No muy lejos del lugar, paciente y despreocupada, se alimenta una manada de équidos libertarios cuya larga pelambrera anuncia la proximidad del invierno.

Abandonamos el camino y transitamos brevemente por el bosque. A la salida del mismo, afrontamos un prolongado descenso que nos conduce a un semiseco riachuelo ¡Malo, malo! Cualquier encuentro con el lecho de un río equivale, ipso facto, a una próxima e inminente subida.

El cruce del escuálido arroyo se convierte en un laberinto de trampas que desorienta al personal y trae consigo las primeras pérdidas matutinas. 

Apenas unos pasos más adelante, en una encrucijada del camino (¡mal señalizada… todo sea dicho!) varios caminantes se desorientan y se extravían, también, durante un buen rato.

La ascensión hacia el punto donde deberían finalizar los del grupo B se desarrolla en un absoluto caos. Los primeros se han extraviado... los que creíamos ser segundones resultamos ser los primeros... y de los últimos... ¡nadie sabe nada!.

Reunidos en la esplanada del encuentro, en espera de los retardados, los aparatos de radio vomitan noticias confusas sobre las pérdidas que siembran el camino. En ellas estamos cuando unos jadeos sospechosos, provenientes del “walki” de Don Pepe Hervás, nos ponen ojo avizor. Alterados e incrédulos, solicitamos inmediatamente la explicación a tales sofocos. El veterano caminante los achaca al cansancio, pero ni su interlocutor, ni ninguno los demás allí presentes, nos tragamos semejante excusa y le conminamos a comportarse con decoro y decencia. Sea lo que fuere, el ínclito personaje corona la última subida y se presenta ante nuestros ojos, acompañado de sus compinches, !CON LA BRAGUETA ABIERTA!... relajado y tan campante... ¡Que desverguenza!... ¿Desde cuándo el cansancio baja la cremallera de los pantalones?

Inmediatamente, se desata un debate sobre si retroceder en busca de los extraviados, esperar, o dejarlos a la deriva y que ellos/as mismos recuperen la senda correcta. Como la mayoría de los perdidos son miembros del grupo B, los del grupo A decidimos ir a la nuestra y reemprender la marcha mientras los demás permanecen a la espera. 

Al reanudar el trayecto, algún marido imprudente se hace el “valiente”  (¡Ay Paco, Paco!) y decide tirar para adelante (aunque su esposa, Fátima, siga desaparecida) como si nada. Pero al poco se cisca en los pantalones y con el rabo entre las piernas (nunca mejor dicho) desanda el camino y regresa a la explanada donde se hallan los del grupo B, en espara de su media naranja. !Más vale prevenir que curar!

Nuestra perseverancia por llegar al Molí (otros dirán que tozudez)  nos impide atender a las razones del alto mando para que abandonemos la etapa en Fòrnols. Finalmente, y tras aclararnos que el autocar no puede acceder al bucólico lugar, apasadumbrados, acatamos las órdenes de los coherentes mandamases y damos por finalizada la caminata.

Fruto de nuestra excelsa organización, dos comisiones, por separado y sin ninguna coordinación entre ellas, se aventuran a la localización de un Bar o Restaurante donde yantar. Para sorpresa de unos pocos, regodeo de varios y cabreo de otros, ambas partidas consiguen dar con el Restaurante apropiado. Pero entonces se produce un tira y afloja entre los comisionados para llevar el ascua a su sardina y dirigir a los GRmanos a comer donde “ellos”  reservaron. Tras arduas y tortuosas negociaciones, los del grupo A damos nuestro brazo a torcer y ponemos rumbo hacia el Restaurante reservado por el grupo B. Más….al dirigirnos a su encuentro… observamos atónitos, cómo los del grupo B caminan en dirección hacia donde estamos nosotros. En definitiva… que ambas comisiones han reservado el mismo Restaurante. O sea que asunto arreglado y… ¡Todos a una como Fuenteovejuna!.

Acabada la comida, el lugar se convierte en un mercado persa. Entre loterías, lumineta, autocar, consumiciones, deudas pendientes etc., el dinero corre a espuertas y cambia de mano vertiginosamente. La sutil diferencia está en que, mientras un servidor debe recorrer personalmente todas las mesas y suplicar a los del puño cerrado el pago de los números de la lumineta, “otro”, más listo, permanece sentadito en su mesa (saboreando un café), mientras solicita calma a los ludópatas compulsivos que, ansiosos, pretenden quitarle la lotería de las manos. ¡Suerte que yo tengo mano con los de “Loterías y apuestas del Estado” y ya saben que número deben de sacar para que me toque a mí la panera!

Con el estomago lleno y los bolsillos vacios iniciamos el retorno a casa por las farragosas carretas de la Serra del Cadí. Tras serpentar y dejar atrás el Coll de la Josa, en las proximidades del Pedraforaca, Ramón, el “viejo novato”, decide hacerse el mártir y aparentar un mareo injustificable. Evaristo (ingenuo él) se traga el embuste y atiende solícito sus súplicas lastimeras. Le acomoda en el suelo; le levanta las piernas para que la sangre circule hacia su cerebro (suponiendo que el individuo tenga, ¡claro está!) y le susurra palabras de aliento y tranquilidad. Sin embargo, nosotros, sus ““amigos de atrás”, (más espabilados que el tal Evaristo) decidimos desenmascarar al impostor y solicitamos ¡A GRITO PELAO”!, al Señor J. Herrera, que haga acto de inmediata presencia con su botiquín de maquillaje "post morten", sus catálogos de nichos y esquelas…  ¡Y entonces, repentina y milagrosamente, el farsante mejora al instante e incluso sonríe desenfadadamente! Acto seguido, una vez ha conseguido detener el autocar, en la plaza del pueblo, se baja del mismo y sin ayuda de nadie se pavonéa delante de todos/as como si estuviera aireándose. Momentos después vuelve a subirse al vehículo y se acomoda en su asiento sin el menor rubor y tan campante. ¡Fresco como una rosa, con buen color y con ganas de juerga!

¡No hay nada como verle las orejas al lobo!

Fotos etapa. (Blog GRManía).

Fotos etapa. (Blog Antonio Gil).