domingo, 19 de enero de 2014

GR7: Etapa 5. La Coma - Hostal del pla. (12/01/14)

¡Año Nuevo… vida nueva¡ ¡O eso dice refrán!

Si hacemos caso a los voceros de turno, parece ser que el 2014 será el año de despedida de la crisis. ¡Ja...ja...ja! ¡No se lo creen ni ellos! ¡Recortes y más recortes! ¡Los ricos cada vez más ricos! ¡Los pobres cada vez más pobres!... ¡La clase media al limbo! Para mí, nunca fue una crisis sino una estafa en toda regla, y como de la estafa ya no nos libra nadie, de la crisis nadie nos sacará. 
Simple y llanamente…  ¡Nos han desplumado para enriquecerse ellos!

Quizás, para encarar el futuro con optimismo, GRmanía sea una de esas ventanas al aire que nos quedan: amistad, diversión, risas, naturaleza, aire libre, deporte, esfuerzo, perdida, encuentros y por supuesto…  “Comilonas”… de vez en cuando.  ¿Quién no quiere pertenecer a este fantástico grupo que nos regala tan halagüeñas perspectivas?

Parece que fue ayer cuando nos despedíamos en la Coma (a grito pelado, con el buche lleno y la esperanza de ser agraciados con un pellizco en la lotería o al menos la magnífica panera), pero hace ya “un año”  que no nos vemos.  ¡Cuán lejos queda 2013!

El ansiado reencuentro sirve para compartir nuestros mejores dedeos de prosperidad de cara al recién estrenado 2014. ¡Por deseos que no quede…!  ¡Otra cosa será la realidad del devenir de los días!

Las bajas de última hora hacen que la concurrencia de hoy sea menos numerosa que de costumbre, aunque no por ello menos ruidosa. La sola presencia de los folloneros de siempre minimiza las ausencias y agita el gallinero.

Después del atracón Navideño, el empacho turronero y la saturación alcohólica ¿Qué mejor medicina que una buena caminata para desengrasar el cuerpo, liberar toxinas y alegrar el alma? Sin embargo, cosa rara, algunos/as  deciden quemar la mínima energía posible  y aplicar los consabidos recortes a la etapa. ¿Quiere eso decir que han hecho  menos  excesos festivos que los demás? Me temo que NO, sino que se dejan seducir por la verborrea  y los buenos propósitos de Cisco y José Antonio.  Y la verdad es que  viendo la pachorra con que nos recibirán, al final de la etapa, la cara de felicidad que muestran, y el “botellerío” que les rodea en las  mesas , uno duda si no sería mejor tirar la toalla, admitir el error, y unirse definitivamente a ellos/as.

La niebla que nos acompañó de madrugada, y durante el trayecto hasta los albores de la Coma,  se va disipando poco a poco y la mañana invita a caminar. Recién iniciada la etapa, el veterano Grmano J. Valls, se descuelga del grupo y P. Hervás se "ofrece" “voluntario” a esperarle,  ralentizar sus pasos y hacerle compañía.  Contrariamente a lo esperado, la pareja de rezagados no solo nos se esmera en alcanzar al grupo, del cual se desgajaron, sino que se enfrasca en una profunda y absorbente conversación que les lleva al despiste, viéndose obligados a realizar un rodeo, por la carreta, para llegar a Sant Llorenç de Morunys, primera parada del trayecto. 

Los jefes de la avanzadilla, conocedores del lugar, localizan una plaza bien provista de bancos donde nos aposentamos a desayunar. A medida que van desapareciendo los bocatas van apareciendo excedentes de los típicos dulces Navideños: turrón, bombones, chocolate...  ¡Qué mejor momento que éste para acabar con ellos y así evitar la tentación de tenerlos al alcance en nuestras casas!   En ello estamos cuando alguien ¡pobre inconsciente! deja escapar de su boca, la posibilidad de hacer una excursión al Bar para tomar algo calentito.  Poco a poco se va produciendo  una desbandada general y el desayuno se alarga más de lo previsto, pues a la toma del café o las infusiones  se añade, el calorcillo del establecimiento, la plática, el cotilleo, el paso por los lavabos o las compras varias.

Para sorpresa general, después de los postes, aparece el consabido termo de té. ¡Pero no el de Cati, no!...  ante su ausencia, el portador de la citada infusión es.... ¡su amigo José! Bien sabe Dios que, el individuo, buena atención debió prestar a las explicaciones, pues en nada desmerece al de su maestra. 

Terminado el repostaje reemprendemos la marcha en compacta armonía. Después de las sufridas jornadas Pirenaicas, en las cuales las subidas agotaban y dejaban sin aliento al personal, la de hoy es una etapa liviana y fácil de transitar que apenas hace mella entre los presentes.  ¡Pocos gramos vamos a perder con tan poca exigencia! El tramo más duro de la etapa se limita a la ascensión que hay a la salida de Sant llorenç de Morunys y que acometernos, como es costumbre, con la digestión en pleno apogéo. 

En el ascenso, a nuestra derecha se divisa la Sierra de “El Port del Compte” . Contemplada  desde la lejanía, uno duda que,  en su estado actual, muchos sean  los esquiadores que se deslicen por sus pistas, pues la escasez de nieve es evidente.

El paisaje que circunda la cima se asemeja, en cierta manera, al que podríamos encontrar en los múltiples  rincones de la Sierra de Sant Llorenç  de Munt: barrancos, cortados, pedregales, arbustos, matorrales, la fragancia del tomillo y el romero,  otras variedades de plantas silvestres, arbolado de encina, roble y alguna que otra conífera. 

Mientras avanzamos por los caminos del lugar, algún agorero comenta que hasta aquí también parecen haber  llegado los recortes: ausencia de nieve, escasez de agua, presencia testimonial del hielo, temperaturas altas para la época. La verdad es que para lo avanzado de la estación en que nos encontramos, la climatología y el estado general de campos y montañas parece más bien propio de otra estación y no precisamente el invierno.  

Al compás de los pasos dejo volar mi mente y a ella regresa la estampa de una infancia gozosa vivida en un pueblo de montaña. Recuerdo como si fuera ayer, con precisión y multitud de detalles,  aquella época pasada en la cual, el blanco de la nieve, cubría el paisaje  con su inmaculado manto blanco.  Cómo los adultos se veían obligados a hacer veredas en las callas del poblado para que las gentes del lugar pudiéramos transitar por ellas!  ¡Cómo las heladas convertían los charcos, las embarradas callejuelas y los húmedos lugares de paso en pistas de patinaje!  E incluso… ¡cómo los arroyos se podían transitar, sin miedo a ser engullidos en su cauce, ante el grosor de la capa de hielo que cubría la parte superior de sus cauces! Los jóvenes dirán que esto, no son sino, batallitas de abueletes, o los más finolis lo achacarán a que casi todo se está volviendo light y no solo la Coca-Cola.

A punto de alcanzar la cima, en lontananza, distinguimos el movimiento de los compañeros/as del grupo delantero. Gesticulamos, hacemos aspavientos, gritamos y vociferamos como posesos endiablados para ver si conseguimos captar su atención, pero la distancia que nos separa de ellos es tal que nuestro  esfuerzo cae en saco roto y debemos abandonar la empresa sin alcanzar el objetivo propuesto.

Primero por la carretera y después por una senda paralela a la misma,  reiniciamos la andadura en persecución de los “recortadores”.  En nuestro deambular por el sendero, apenas transitado, pateamos las múltiples matas de tomillo que crecen descontroladas por doquier y de ellas emerge una embriagadora fragancia que impregna el ambiente y  nuestras ropas.

El tramo final de la etapa consiste en un descenso farragoso y de difícil transitar (¿tal vez el cauce de un riachuelo de temporada?) que nos obliga a caminar por una trocha pedregosa e incómoda. La marcha se ralentiza y nos  obligada a concentrarnos a fin de cualquier traspiés, padecer  algún resbalón o evitar las indeseadas e incómodas torceduras de tobillo.

De improvisto, el bosque y la trocha desparecen, el horizonte se despeja ante nuestros ojos y nos topamos con el Hostal del pla. A las puertas  del lugar, en la calle, a la solana  y por lo que “parece” perfectamente “hidratados” nos reciben, sonrientes, nuestros colegas,  junto a un montón de botellas de cerveza vacías, posadas encima de las mesas. ¡Vaya con los abstemios!

Como era de esperar…  ¡No damos el perfil!... no somos admitidos en el interior del abarrotado lugar. Procedemos, pues, a  recoger los bártulos y dirigirnos a Solsona para comer.  Más de uno nos  quedamos con la gana de probar esas gigantescas torradas de pan que, pinchadas en un hierro, los paisanos van dorando en la abrasadora lumbre de leña que calienta el local.

Para no perder la tradición, en la búsqueda del lugar donde reponer fuerzas, somos víctimas de la pérdida habitual. Sin embargo, a consecuencia  del extravío momentáneo,  disfrutamos de una visita cultural por las céntricas e históricas calles de Solsona. Al pasar junto al campanario, donde antaño despeñaban la cabra, se observa la presencia de una tarima y tras ella una inmensa estelada, que algunos aprovechan para inmortalizar el momento.

Retomado el rumbo correcto localizamos el Casal del pueblo (local ya visitado en alguna que otra ocasión) y allí nos acogen gustosamente. ¡Alegría inesperada para la paupérrima caja del lugar! ¡Cuantos más borrachos haya, más pesetas al cajón!

Tomamos posesión del lugar, nos acomodamos, procedemos a vaciar las mochilas y llenar el estómago. En estas andamos cuando Paco Ortega sugiere abonar la lotería.  Al momento, un tropel de GRManos descontrolados se abalanza sobre el benefactor para solicitar sus eurillos. ¡Ni cola, ni orden, ni espera…! ¡ADIÓS A LOS MODALES ¡ El banquero en cuestión se ve obligado a llamar al orden al personal a fin de poder proceder al reparto. Momentos después se produce la llamada del Sr Ministro de finanzas al pago de las costas del autocar, pero entonces,…,  ¡MILAGROSAMENTE!.. la mayoría hacemos  oídos sordos a la cita,  y deben ser el Sr. Ministro y su “contable” quienes se desplacen, mesa por mesa, hasta donde nos hemos anclado los “sordos” viajeros, para arrancarnos los cuartos de los bolsillos.

Solsona, 12 de Enero de 2014.

Blog de GRManía:

Fotos Rafael Cañero







lunes, 13 de enero de 2014

GR7: Etapa 4. Del Molí de Fòrnols a la Coma (14/12/13)

Del Molí de Fòrnols a la Coma  (14 de Diciembre de 2103)
(Un meón entre tragones)

Cómo añoro aquellos tiempos, no tan lejanos, en los cuales la memoria era mi aliada y me permitía actuar sin apuntadores en la retaguardia. Cuando no necesitaba escribir los quehaceres para no dejarme la mitad en el tintero y podía improvisar a mi antojo.

Sean los años, el desgaste o quizás el abandono de la práctica mental, los causantes del deterioro, el caso es que de un tiempo a esta parte (y cada vez más a menudo) o me apunto las cosas u olvido la mitad de las que debería hacer. ¡Sí… sí… no os  riáis que a la mayoría de vosotros os pasa lo mismo!. Ya se sabe: “Mal de muchos consuelo de tontos”.

Viene esto a coalición por el descuido imperdonable del otro día que me condenará de por vida a ser… “El meón de GRManía”, ¡Y no… no estoy de la próstata… como algún falso amigo insinuó y pretendió hacer creer a la masa! ¡Simple y llanamente fue un olvido!. Imperdonable si queréis, pero olvido a fin de cuentas.

Y es que con tanto quehacer a uno se le fue el santo al cielo y pasó lo que pasó.
Que si la mochila… que si la ropa de recambio… que si el cuadrante…que si el dinero de la lumineta… que si el cava, que si el Gps, que si las pastillas para la tos, que si., que si… que si…en fin… ¡que me olvidé de descargar aguas antes de salir de casa!... y, a pesar de mis intentos desesperados por ocultar la realidad, me vi obligado a reconocer mi decadencia, agachar las orejas y parar el autocar a medio camino.

Y mira que procuré por todos los medios, habidos y por haber, dominar el pánico, desviar el tema de mi mente y autoconvencerme de que no era para tanto… y que yo podía aguantar hasta la llegada. Intenté dormirme, pensar en momentos dulces de la vida, mantenerme atento a las conversaciones de mis vecinos/as del autocar, relajarme y un sinfín de cosas más. Pero nada… todo acababa convergiendo en mi repleta vejiga. Hasta que finalmente y para no humedecer mis pantalones de supuesto adulto tuve que claudicar. ¡Más vale que se mofen de uno por detener el autocar para liberar la vejiga a que lo hagan por mearse encima!.

Si a esto añadimos la afonía que me acompañaba desde la jornada anterior y el aterrizaje forzoso que padecí en el camino (leve pero gozoso para “algunos”) puede afirmarse, sin lugar a dudas, que fue una jornada redonda para este Grmano.

¡Casi hubo que colgar el cartel de completo en el autocar! A ojos vista se palpaba la festividad de la jornada y nadie ocultaba que el objetivo final del día era, simple y llanamente, la Comilona. Todo eran parabienes, sonrisas y bromas; y nulos los deseos de caminar.  Tales fueron los recortes, opciones y grupos,  que alguno apenas si dio más pasos que los que separaban el autocar del Restaurante y viceversa.

Las bajas temperaturas nocturnas habían dejado sus huellas, en forma de haladas, en los caminos y sus lindes. Embelleciendo el paisaje con un ligero y resbaladizo manto blanco que hacía mella en los escasamente curtidos rostros del personal  y demás partes corporales sin guarecer.

Tras unos Kms de calentamiento por una pista forestal, alcanzamos Tuixent y en una plazoleta, a la solana, recuperamos fuerzas y calor, al amparo del vino, los chistes, las bromas, las conversaciones y el intercambio de pareceres.

Como no podía ser de otra manera, tras el almuerzo, la, siempre maldita, inapropiada y prolongada cuesta de rigor. O lo que es lo mismo: al esfuerzo de la subida añadimos la pesada digestión de los bocatas para aumentar el castigo del personal. Entre jadeos y quejas lastimeras alcanzamos la cima y, raudos y veloces, enfilamos el descenso por el camino en pos del Restaurante.

La bajada, prolongada y pedregosa, nos regaló la típica pérdida pasajera, varios resbalones y alguna que otra caída, que aunque no dejó consecuencias físicas en los sufridores, sí sirvió de escarnio, regocijo y cachondeo generalizado entre los más jocosos de los presentes.

No se sabe si a consecuencia de la velocidad de los de atrás, la parsimonia de los delanteros, las ganas de llegar, o el olor de las viandas que íbamos a degustar, el caso es que llegamos todos sorprendentemente puntuales, compactos y sin extravíos a las proximidades de la Coma.  En sus paledaños, nos desviamos levemente a la derecha para hacer una visita turística a las Fuentes de Cardoner. A pesar de que el caudal que manaba de las entrañas terrestres, dando origen al río, era más bien escaso, el lugar (adecentado como zona de Picnic) emanaba belleza, placidez y  sosiego e invitaba al reposo de los/las guerreros/as.Tras degustar el líquido elemento y dar por terminada la excursión, en nuestra huida, nos topamos con un grupúsculo de “jóvenzuelos insersistas” que caminaban en sentido contrario al nuestro con la intención de ocupar nuestro lugar en el idílico paraje.

Un corto rodeo en el camino nos situó junto al autocar. Mientras los más aparcaban sus mochilas en el lugar pertinente, otros y otras GRManos decidieron sustituir sus sudadas prendas interiores por otras limpias y menos pestilentes, para afrontar la comida sin atufar al sujeto de al lado, pero como la mayoría había optado por permanecer tal cual, pues el olorcillo no llegaría a desaparecer y nos acompañaría discretamente durante la comida y los actos festivos.

En tropel y sin apenas tiempo que perder, nos acomodamos ruidosamente en el Restaurante dispuestos a devorar cuanto pasara por delante de nuestros ojos.
El ágape, (hablo por mi experiencia) me pareció abundante, bien condimentado, variado y con una muy buena relación calidad precio. Gracias a nuestro amigo Carlos por la organización y por la elección del sitio y los manjares!.

A pesar de que “algunos” tuvimos que luchar, a brazo partido, con “otros” para vaciarles el bolsillo con la lumineta y la lotería, las risas fueron permanentes y el buen humor y la camaradería GRMana (siempre habitual) nos acompañó en todo momento.

Como viene siendo costumbre en GRManía, al finalizar la comilona se procedió al reparto de los típicos regalos navideños (cava y calcetines este año) y amenizamos la sobremesa con cuentos navideños, lecturas, reconocimientos varios y felicitaciones generalizadas; destacando, por encima de todo, nuestros mejores deseos de recuperación para aquellos que están pasando por momentos difíciles.
Finalmente y para cerrar el año GRMano, al son de la guitarra del ripioso Don Pedro, dimos rienda suelta a nuestras melódicas y cantarinas voces. Entonando (o mejor dicho desentonando) múltiples y variados villancicos Navideños “Made in Cati”; con tal pasión y brío que aquellos, lugareños o forasteros, que nos escuchaban desde el Bar de al lado, seguramente dudaron del estado de alguno de nosotros y pensaron que más de uno/a habíamos perdido el oremus o empinado el codo en demasía.


Fuese la comilona, el vino, el cansancio o la felicidad, el caso es que el retorno a casa transcurrió en placida y silenciosa armonía, rota, eso sí, esporádicamente por algún que otro ronquido al compás  y ritmo de los cabezazos de los dormilones de turno.

(La Coma i la Pedra, 14 de Diciembre de 2013)

jueves, 19 de diciembre de 2013

¡Si Yo fuera Presidente! La Coma (14-12-2013)

Recuerdo un programa de Fdo García Tola que emitía TV2 en los años 83, 84 y 85 (Si yo fuera Presidente). El contenido del cual versaba en torno a peticiones de los espectadores, quejas y demandas ciudadanas. El periodista plantea las medidas que sería recomendable que el Gobierno adoptase, especialmente en materia social. ¡Ay materia Social, que tiempos!

El 16 de octubre de 1984, Rogelio Baón, vocal del Consejo de Administración de RTVE por el Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, solicitó el aplazamiento de uno de los programas de Si yo fuera Presidente que contaría con 100 militantes de distintos partidos políticos para debatir sobre la situación de España, por considerarlo grave deterioro para la imagen y funciones del Congreso de los Diputados. El 11 de abril de 1985, la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado de protesta contra la emisión de unl espacio en el que se vertieron opiniones que consideraron que atentaban contra los sentimientos religiosos del país.

¿Os suena de algo? ¡30 años tirados a la basura! Pues ese es el futuro que quieren para nosotros nuestros “gobernantes” y nuestro silencio es lo que mejor contribuye a darles alas.

Si yo fuera Presidente…¡Dios os libre de votarme! cambiaría tantas cosas: Para empezar… la ley electoral, después disolvería los parlamentos (de aquí y de allí) y mandaría al paro a todo esa pandilla de manipuladores, tramposos, prevaricadores y corruptos degenerados.

Si yo fuera Presidente… ¡que no lo soy!...gobernaría para el pueblo y no para los bancos; para todos y no solo para los que me votaron. Dejaría de prohibir, reprimir y promover leyes retrógradas que solo les benefician a ellos, los mafiosos, y me dedicaría a solucionar los problemas del país. Potenciaría la sanidad y la educación pública, y la justicia para todos y no solo para los ricos. Eliminaría la religión de las escuelas y la limitaría a los templos y las casas. Dialogaría y abriría los ojos a la realidad de las gentes del país. Uffff cuantas cosas por hacer!

Si yo fuera Presidente… ¡Ay… Ay… Ay…! les diría a los trabajadores de Canal Nou que no es ahora cuando perdieron su empleo, sino el día en que con su ignominiosa connivencia con la manipulación y la mentira se plegaron a la corrupción de los chorizos de siempre. Les dirá también a los medios de comunicación públicos que me asquea que se malgasten mis impuestos en instrumentos tan tendenciosos, y que no derramaré ni una solo lágrima si un día todos ellos van a la calle.

Pero…como ni lo soy… ni lo seré, soñaré con que soy Presidente de… Grmanía.

En ese caso eliminaría los madrugones y a partir de año nuevo saldríamos a las 9 de la mañana en lugar de a las 6. Al carajo eso de que “A quien madruga Dios le ayuda”

Buscaría empresas patrocinadoras (¿Qué tal Yogures Griegos, Bancos Españoles o Maquinaria Portuguesa?) para esponsorizar los viajes y que éstos nos resultaran gratis. Pagaría de mi bolsillo las cervezas y cafés de cada etapa. Regalaría la lotería y la lumineta. Invitaría a las comidas de Navidad y final de temporada. ..

Animaría a los de delante a NO correr tanto ni a los de atrás tan poco, para cohesionar el grupo y recorrer las sendas en compacta armonía.

Erigiría a D. Ginés como ministro de justica, pues me parece un caballero serio, honesto y cabal capaz de legislar como Dios manda.

Mantendría en su puesto a nuestro ministro de finanzas (D. Cesc) y, aun reconociendo que la seriedad y la discreción son dones de aquellos que cuidan de lo ajeno, le animaría a que desvariara y se riera a carcajada suelta, como hacemos los demás, de vez en cuando.

Respaldaría los ministerios de Don Hervás, Don Paco Troya, Don Ortega, Mª Morales, Carlos y demás colaboradores, pues sin su dedicación, su trabajo y sus dotes organizativas en la sombra, esto sería ingobernable.

Nombraría a Don Ferrer y a D. Jaime Pavón ministros Caminos Canales y Puertos y les animaría a sustituir sus tracks por unos cencerros colgados del cuello de algunos de nosotros, para ver si el tañer de los campanos mantenía agrupada la manada y evitaba las pérdidas.

Concedería el cargo de ministros de artes plásticas a Antonio Gil y Rafael, pero les exigiría que fotografiaran la realidad que vemos todos y nos las maravillas escondidas que solo ellos son capaces de descubrir.

Ascendería a Evaristo al ministerio de Educación para que mandara a la mierda (con perdón) la LOMCE y la LEC, desposara a Wert con la Rigau y los desterrara del país de una… para siempre. Eso sí, previa esterilización de ambos.

Solicitaría para Don Pedro el Premio Nacional de Poesía, pues sus ripios no son merecedores de menor recompensa.

Sustituiría a Rouco Varela por Don Jaume Valls y seguro que nuestra conciencia y nuestra alma se lo agradecerían. Pero, eso sí, haría obligatoria la Romería a Montserrat para poder ganar el perdón de los pecados.

Otorgaría el cargo de ministro de cultura, al aire libre, a D. 6Q para que siga organizando esos eventos montañeros, allá por Gisclareny, a fin de relajar el espirito y liberar de toxinas los cuerpos Grmanos, y de paso le sugeriría a Ana que les pasara la minuta de Chef a los tragones de tales encuentros.

Propondría a Don Antonio Domínguez como ministro de sanidad y dientes sanos para que conservara nuestro paladar como merecemos, y elevaría al altar de sanitarias de honor a nuestras eficientes enfermeras (Paquita, Fina. Fátima, …) para que atendieran nuestros percances y lesiones de errantes camineros.

Investiría a D. José Antonio como ministro de Mentes, para que velara por nuestra cordura y nuestro bien hacer, y le obligaría a seguir explicándonos chistes para alivio de nuestra congoja.

Cultivaría la amistad de Don J. Herrara, pero le exigiría que me eliminara de sus listas de maquillaje para los próximos 50 o 60 años.

Aconsejaría a la plaga de docentes que nos rodean, que hicieran el favor de enseñarnos algo de provecho… tal vez una nalga o algo por el estilo.

Encargaría el cargo de Ministra de relaciones públicas a Cati ¡Como domina el arte la moza! Que necesita un escrito para las celebraciones… pues te halaga, minimiza tus defectos, te engatusa exagerando tu valía, te cautiva con su sonrisa y su zalamera palabrería, hasta que…¡ZAS! sin darte cuenta caes, como un pardillo, en sus redes y ¡hala! a romperte la crisma para escribir cuatro tonterías.

Sugeriría a los “pensionistas” que no paren de patear caminos pues, con sus idas y venidas, mantienen abiertas las sendas y, con su desgaste de suelas y articulaciones, dan trabajo a zapateros y traumatólogos.

Invertiría parte del presupuesto GRmano en sacos de paciencia para reponer la cantidad infinita que de ella hacen gala la totalidad de los miembros del grupo.

Prohibiría, ¡ALGO HABRÁ QUE PROHIBIR, DIGO YOOO! que Gramanía perdiera su alegría, su diversidad, su tolerancia, la citada paciencia, la empatía, la cordialidad, el altruismo, la camaradería y… el perdón de los pecados. En definitiva la idiosincrasia que hace de este grupo algo tan GRANDE.

Pero por encima de todo, animaría a las personas que están pasando por duros momentos (va por ti Sonsoles) a seguir luchando. La vida es algo maravilloso que nos obliga a no bajar jamás los brazos. La recuperación, amiga, está a la vuelta de la esquina, y no tengo la menor duda de que nos quedan muchos caminos por recorrer, muchas palabras por intercambiar y muchas experiencias por compartir.

Finalmente y para alegría de todos vosotros/as, despediría, al instante, a este pedante cronista que os martiriza con sus sesgadas opiniones, sus WhatsAps, sus correos, sus insufribles crónicas, su sarcasmo y sus desvaíros lingüísticos.

Aunque quizás, como Presidente, lo primero que debería hacer es presentar ¡YA MISMO! mi dimisión, pues quién sabe si una vez en el poder, no sería, YO, tan corrupto, mentiroso y prevaricador como esos a los que tanto desprecio. En definitiva, que como decía mi abuelo: “Es más fácil predicar que dar trigo”.


Fotos del Blog de Antonio Gil
http://www.antoniogil.com/wp/

Fotos de Rafael Cañero.
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Fotos de Josep Ferrer.
https://plus.google.com/u/0/photos/110482854746201628773/albums/5958028783852651521/5958028786156351794?pid=5958028786156351794&oid=110482854746201628773

GR-7 Etapa 4 Molí de Fórnols-Tuixent-LaComa:
http://www.grmaniaweb.blogspot.com.es/p/gps-en-accion.html
http://ca.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5785441

La Coma (14-12-2013)

lunes, 18 de noviembre de 2013

GR7 Etapa 3. La seu d'Urgell-Fòrnols del Cadí. (09/11/13).

Dice el refranero que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Pues bien, dicha sabiduría popular podría aplicarse perfectamente a uno de nuestros ilustres GRManos que, al percatarse del tamaño del autocar, y temiéndose lo peor, exclamó:
- ¡Quién habrá sido el lumbreras que nos ha enviado un vehículo de más 15 metros para transitar por carreteruchas de alta montaña!
Y es que la experiencia es un grado del que la empresa que nos transporta parece carecer, pues se empeña en actuar contra él y la lógica. A saber: ¡Que la carretera es estrecha!… ¡Vehículo largo! ¡Que hay que ascender un puerto!...  ¡Motor gripado! ¡Que el viaje es largo! … ¡Habitáculo estrecho! ¡Que la ruta es compleja! ... ¡Conductor novato!... ¡JESÚS QUE CRUZ!

Muchas son las virtudes de GRManía, pero convendréis conmigo en que los escasos defecillos que "atesora" son incorregibles y la ausencia de “ciertos” veteranos responsables los pone, irremisiblemente, de manifiesto al instante.

Hoy, la “espantada” de Ginés convierte el acomodo en el autocar en una invasión descontrolada, sin la menor preocupación por los rezagados o ausentes. Solo tras recorrer unos cuantos Kms por la autopista algún iluminadao tiene la brillante idea de contar a los presentes. De los no aparecidos (¡suponemos que nadie se quedó en tierra!)…¡ni MUUUU!. ¡Ginés… sin tu control… el caos!

Mientras unos dormitan, otros charlan y los de “siempre” vociferaban, el alba da paso a la mañana y, entre nubes y colores, asistimos al nacimiento de otro precioso día de oblicuo sol otoñal. ¿Existirá en invierno?

Fieles a la tradición GRMana (quién sabe si por mor del chófer, los Gps o tal vez… “el Jefe ése”) dedicamos un buen rato (de idas, venidas, pérdidas y encuentros) a recorrer la Seu y sus aledaños, hasta dar con el  punto de partida. ¡Excursión no programada pero habitual en nuestras huestes! ¡Antes de empezar a andar ya echamos de menos a don Joesep Ferrer y sus Tracks!

A la vera del mísero y desolador caudal del río Segre, iniciamos la ruta en pos de la primera dificultad de la mañana. Dejamos atrás las praderas colindantes, donde las vacas, mientras rumian el forraje ingerido, amamantan pacientemente a sus talluditos terneros. 

Suerte que nos guía Don Jaime Pavón, pues la ruta no está demasiado bien señalizada y es proclive a la pérdida. Éste, (embelesado con su amada) y en su afán por dejar su prestigio (de novato marido en rodaje) a la altura que le corresponde, se esmera en los detalles y nos conduce (¡algo descarriados, esos sí!) por una empinada senda entre el arbolado, sin el menor contratiempo. 

El ascenso, largo y exigente, altera el ritmo cardiaco, agita la respiración de los caminantes y fragmenta definitivamente el pelotón. 

Mientras algunos arrastramos los pies suplicando el final de la tortura, Jaime nos adelanta a toda pastilla, llevando en volandas, de la mano, a su amada Inés. Deduzco de ello, que el ir agarrados mitiga el esfuerzo y aligera la cuesta, por lo cual propongo a mi amigo Joan Lluis ascender el tramo final cogiditos de la mano. Sin embargo, éste, me lanza una mirada asesina que me "invita" a reconsiderar la petición y a desistir de mi empeño.

El agostamineto del terreno demuestra a las claras la pertinente sequía que nos persigue. ¿Tal vez las nubes se enemistaron con el agua? Sin embargo, a punto de coronar la primera cota, nos topamos con un espectáculo mágico: El rocío de la mañana (al impregnar de humedad las telarañas) ha cincelado unas maravillas de la naturaleza que nuestros reporteros plasman con voracidad.   
     
Quien más quien menos corona la ansiada y exigente cima hambriento, sudoroso y cansado.

El alto nos regala unas preciosas panorámicas del lugar: Un despejado e inmaculado cielo azul, las majestuosas altitudes Pirenáicas, la variedad cromática de la vegetación otoñal, la niebla matinal bajo cuyo manto suspiran los valles, las vacas pastando su ociosidad por las mustias praderas.  

Hay quien (gracias a la pericia de otras) ¿verdad 6Q?), sorprendido y con cara de gratitud, recupera las llaves de sus bólidos, extraviadas más abajo, sin que él, despreocupado  propietario, fuera consciente de su pérdida. ¡UFFF... que susto!

A la solana, mientras reponemos fuerzas, charlamos, reímos y hacemos correr la bota, de mano en mano y sin descanso, hasta consumir  la última gota de morapio.

Finalizado el ágape, reemprendemos la marcha por un terreno pedregoso y de apariencia volcánica (nada que ver con tal fenómeno) a un ritmo endiablado. La carrera de locos desaconseja la más mínima pausa;  ya sea para miccionar, quitarse la chaqueta o simplemente acomodarse la mochila. Algún despistado (¡Joan Lluis, Joan Lluis!) desafiando a las circunstancias se detiene a liberar alguas y se ve obligado a caminar, acojonadillo y en solitario, creyéndose perdido durante un buen rato, hasta vislumbrar, por fin, la espalda de los últimos compañeros de fatigas. ¡Menudo canguelo!.

Una escarpada y peligrosa verada, en pendiente, nos conduce a la segunda elevación del trayecto. El lugar, de apariencia lunática: árido, inhóspito y desarbolado, nos recibe solitario con sus bancales deshidratados y sus capas de estratos de tierra y pedruscos.

La observadora Maribel localiza en suelo del lugar una gran cantidad de huellas de ungulados. Un detallado estudio del fenómeno y su consecuente discusión, nos lleva a la conclusión de que parecen no ser nuestras, pues las redondeadas marcas (que dejaron las pezuñas de su dueños) se asemejan bastante a las de los caballos y … ¡Nosotros tenemos más bien pinta de borricos!

La pericia de un servidor, tras otear el horizonte, despeja las dudas y confirma la procedencia de las mismas. No muy lejos del lugar, paciente y despreocupada, se alimenta una manada de équidos libertarios cuya larga pelambrera anuncia la proximidad del invierno.

Abandonamos el camino y transitamos brevemente por el bosque. A la salida del mismo, afrontamos un prolongado descenso que nos conduce a un semiseco riachuelo ¡Malo, malo! Cualquier encuentro con el lecho de un río equivale, ipso facto, a una próxima e inminente subida.

El cruce del escuálido arroyo se convierte en un laberinto de trampas que desorienta al personal y trae consigo las primeras pérdidas matutinas. 

Apenas unos pasos más adelante, en una encrucijada del camino (¡mal señalizada… todo sea dicho!) varios caminantes se desorientan y se extravían, también, durante un buen rato.

La ascensión hacia el punto donde deberían finalizar los del grupo B se desarrolla en un absoluto caos. Los primeros se han extraviado... los que creíamos ser segundones resultamos ser los primeros... y de los últimos... ¡nadie sabe nada!.

Reunidos en la esplanada del encuentro, en espera de los retardados, los aparatos de radio vomitan noticias confusas sobre las pérdidas que siembran el camino. En ellas estamos cuando unos jadeos sospechosos, provenientes del “walki” de Don Pepe Hervás, nos ponen ojo avizor. Alterados e incrédulos, solicitamos inmediatamente la explicación a tales sofocos. El veterano caminante los achaca al cansancio, pero ni su interlocutor, ni ninguno los demás allí presentes, nos tragamos semejante excusa y le conminamos a comportarse con decoro y decencia. Sea lo que fuere, el ínclito personaje corona la última subida y se presenta ante nuestros ojos, acompañado de sus compinches, !CON LA BRAGUETA ABIERTA!... relajado y tan campante... ¡Que desverguenza!... ¿Desde cuándo el cansancio baja la cremallera de los pantalones?

Inmediatamente, se desata un debate sobre si retroceder en busca de los extraviados, esperar, o dejarlos a la deriva y que ellos/as mismos recuperen la senda correcta. Como la mayoría de los perdidos son miembros del grupo B, los del grupo A decidimos ir a la nuestra y reemprender la marcha mientras los demás permanecen a la espera. 

Al reanudar el trayecto, algún marido imprudente se hace el “valiente”  (¡Ay Paco, Paco!) y decide tirar para adelante (aunque su esposa, Fátima, siga desaparecida) como si nada. Pero al poco se cisca en los pantalones y con el rabo entre las piernas (nunca mejor dicho) desanda el camino y regresa a la explanada donde se hallan los del grupo B, en espara de su media naranja. !Más vale prevenir que curar!

Nuestra perseverancia por llegar al Molí (otros dirán que tozudez)  nos impide atender a las razones del alto mando para que abandonemos la etapa en Fòrnols. Finalmente, y tras aclararnos que el autocar no puede acceder al bucólico lugar, apasadumbrados, acatamos las órdenes de los coherentes mandamases y damos por finalizada la caminata.

Fruto de nuestra excelsa organización, dos comisiones, por separado y sin ninguna coordinación entre ellas, se aventuran a la localización de un Bar o Restaurante donde yantar. Para sorpresa de unos pocos, regodeo de varios y cabreo de otros, ambas partidas consiguen dar con el Restaurante apropiado. Pero entonces se produce un tira y afloja entre los comisionados para llevar el ascua a su sardina y dirigir a los GRmanos a comer donde “ellos”  reservaron. Tras arduas y tortuosas negociaciones, los del grupo A damos nuestro brazo a torcer y ponemos rumbo hacia el Restaurante reservado por el grupo B. Más….al dirigirnos a su encuentro… observamos atónitos, cómo los del grupo B caminan en dirección hacia donde estamos nosotros. En definitiva… que ambas comisiones han reservado el mismo Restaurante. O sea que asunto arreglado y… ¡Todos a una como Fuenteovejuna!.

Acabada la comida, el lugar se convierte en un mercado persa. Entre loterías, lumineta, autocar, consumiciones, deudas pendientes etc., el dinero corre a espuertas y cambia de mano vertiginosamente. La sutil diferencia está en que, mientras un servidor debe recorrer personalmente todas las mesas y suplicar a los del puño cerrado el pago de los números de la lumineta, “otro”, más listo, permanece sentadito en su mesa (saboreando un café), mientras solicita calma a los ludópatas compulsivos que, ansiosos, pretenden quitarle la lotería de las manos. ¡Suerte que yo tengo mano con los de “Loterías y apuestas del Estado” y ya saben que número deben de sacar para que me toque a mí la panera!

Con el estomago lleno y los bolsillos vacios iniciamos el retorno a casa por las farragosas carretas de la Serra del Cadí. Tras serpentar y dejar atrás el Coll de la Josa, en las proximidades del Pedraforaca, Ramón, el “viejo novato”, decide hacerse el mártir y aparentar un mareo injustificable. Evaristo (ingenuo él) se traga el embuste y atiende solícito sus súplicas lastimeras. Le acomoda en el suelo; le levanta las piernas para que la sangre circule hacia su cerebro (suponiendo que el individuo tenga, ¡claro está!) y le susurra palabras de aliento y tranquilidad. Sin embargo, nosotros, sus ““amigos de atrás”, (más espabilados que el tal Evaristo) decidimos desenmascarar al impostor y solicitamos ¡A GRITO PELAO”!, al Señor J. Herrera, que haga acto de inmediata presencia con su botiquín de maquillaje "post morten", sus catálogos de nichos y esquelas…  ¡Y entonces, repentina y milagrosamente, el farsante mejora al instante e incluso sonríe desenfadadamente! Acto seguido, una vez ha conseguido detener el autocar, en la plaza del pueblo, se baja del mismo y sin ayuda de nadie se pavonéa delante de todos/as como si estuviera aireándose. Momentos después vuelve a subirse al vehículo y se acomoda en su asiento sin el menor rubor y tan campante. ¡Fresco como una rosa, con buen color y con ganas de juerga!

¡No hay nada como verle las orejas al lobo!

Fotos etapa. (Blog GRManía).

Fotos etapa. (Blog Antonio Gil).

domingo, 17 de noviembre de 2013

GR7 Etapa 2. Les escaldes-Sant Julià. (12/10/13).

Para alegría de muchos (hora ideal) y descontento de otros (demasiado tarde) se retrasó la salida hasta las 6 de la mañana ¡Media horita más al amparo de las sábanas!

Los más madrugadores hicieron acto de presencia con unos minutos de antelación a la hora prevista y, si se percataron de ello, ninguno hizo mención especial a la ausencia del autocar en el lugar y hora convenido. Sin embargo,  apenas  sobrepasadas las 6 en punto de la mañana, varios GRmanos se acordaron de la experiencia preveraniega y empezaron a hacer cábalas, en voz alta, sobre la sospechosa ausencia del conductor y su vehículo. Inmediatamente, las maldiciones del personal se cebaron en nuestro organizador y amigo, Rafael.  De los labios de “muchos” de los presentes, entre los que me incluyo, (aunque si es necesario hoy negaré la mayor) empezaron a salir improperios, burlas y  chascarrillos sobre la capacidad organizativa y la frescura mental de nuestro querido colega. ¡Ya sabes Rafael, por una vez que mataste un perro te llamamos mataperros!

 Los adelantos tecnológicos, sin embargo, desenredaron la madeja y clarificaron el entuerto, y una vez salvado el honor de nuestro admirado Sr. Carreño, enfocamos nuestra ira hacia el “señor” conductor. Quien más quien menos (recordando la aventura Palentina) empezó a imaginar al ”ínclito piloto” vagando sin rumbo por las calles de Terrassa, o aun peor, acurrucadito en su cama roncando como un lirón. Una nueva llamada telefónica despejó definitivamente las dudas y aclaró el embrollo; librando de la lapidación a Rafael y al transportista. Culpable definitivo… el jefe de la empresa que transmitió mal la hora de partida al sufrido chófer.

Dada la lejanía del destino, varios Grmanos decidimos aparcar la cháchara mañanera y nos dispusimos a echar una plácida cabezadita al compás del run-run y traqueteo del autocar, pero… alguna cotorra, de las que revolotean por la parte trasera de la tartana, apenas nos permitió pegar ojo con su parloteo. ¡Nuestro gozo en un pozo!

Andorra nos recibió empapelada con grandes cartelones publicitarios de Banca Andorra, donde se nos recordaba que ellos sí son de fiar y que nuestro dinero estaría a buen recaudo en sus manos. ¿Acaso tenemos nosotros algo que reprochar a nuestra “saneada” y “benefactora” banca?  Como si tuviéramos alguna queja hacia el proceder de los: Rato, Blesa, Pago, Escribano, Méndez, Pagès. ¡Fieles custodios de lo “nuestro”!  ¡A ver si enteran estos del país petit que nuestros euros están en Suiza, resguardaditos y a salvo, vigilados atentamente por los Bárcenas y Puyoles de turno!

Tras dar el pistoletazo de salida por las calles de Andorra, nos adentramos en el bosque por un empinado y escabroso sendero (precioso dicho sea de paso) cuya pendiente cortaba el resuello de los caminantes, motivo por el cual el grupo se desgajó a las primeras de cambio, poblando el bosque de desperdigadas y extenuadas almas en pena.

 Los conocedores del track y sus curvas de nivel decimos escampar unas mentirijillas, sobre la dificultad del trayecto hasta la cima, para no fomentar la desmoralización del personal. Sin embargo, a algún despistadillo de la avanzadilla, involuntariamente,  se le escapó a través de la radiofrecuencia, que la subida era dura, dura, dura… y que no era aconsejable comunicar a la masa el tormento que les esperaba, a fin de evitar la desbandada general.  Los mal pensados creemos que la táctica no consistía en evitar la desmoralización de la muchedumbre, sino librase del “violento temporal” que por la retaguardia se había desatado.


Por entre la vegetación y el espeso arbolado de la ladera no se filtraba ni un tímido rayo de sol que calentara nuestro cuerpo y alegrara nuestra alma, aunque sí campaba a sus anchas un frío considerable que agarrotaba las manos, penetraba en el interior de nuestras chaquetas y calaba nuestros huesos.


Aproximadamente hacia el Km 6 de la etapa, por fin, sudorosos y derrengados alcanzamos la cumbre de la jornada (1.725 m).  ¡Total… la mísera cifra de 600 metros de desnivel en apenas 3 Km! ¿Qué es esa nimiedad para un grupo de valientes y aguerridos trotamundos?

Como los lagartos en invierno, nos amontonamos en la loma de la montaña en busca del calorcillo matutino y nos dispusimos a devorar nuestras viandas. Al momento, un “biruji” del “carallo” se fue apoderando de nuestro humedecido y sudoroso esqueleto, y varios GRManos/as nos vimos obligados a cobijarnos del citado viento mañanero.  Mientras tanto, algo más abajo, los últimos en llegar, quizás más espabilados o guiados por un Xerpa más curtido que los nuestros, permanecían al abrigo de las inclemencias eólicas y, resguardaditos, engullían los bocatas mientras charlaban amigablemente;  eso sí, maldiciendo, entre bocado y bocado, a los organizadores del agotador evento.

A pesar de las súplicas lastimeras de los recién llegados, alguna que otra indirecta y ciertas miradillas cargadas de …..¿Resquemor?, la avanzadilla hizo oídos sordos a los suplicantes y se puso en marcha sin el más mínimo recato. Tal acto de camaradería (inclúyanme entre los caballeros) despedazó definitivamente la compañía, en minúsculas patrullas diseminadas por dosier, sin posibilidad de reencuentro hasta la meta.

Afrontamos el prolongado descenso por una dificultinclinada y pedregosa senda que transcurría entre canchales, alguna cuadra (en la que no hace mucho uno de los grmanos allí presentes se apropió de una plaga de pulgas o piojos, y a la cual nos conminó a entrar voluntariamente para comprobarlo, cosa que desechamos de inmediato), praderas con vacas pastando y algún que otro caserío solitario.

A medida que descendíamos, y tras dejar atrás un pequeño poblado de campesinos, el canto del río se fue apoderando del silencio del lugar y el discurrir de las aguas se convirtió en nuestro fiel y agradable compañero. De improvisto, tras un recoveco del camino, surgiendo por sorpresa de entre arbolado, la naturaleza puso ante nuestros ojos una majestuosa cascada de agua cristalina que se precipitaba desde las alturas y deleitaba nuestros sentidos con su belleza, su magia y la armoniosa melodía del líquido incoloro al chocar contra el suelo. El solo hecho de poder disfrutar de tales espectáculos nos invitan a reflexionar sobre el futuro y la imperiosa necesidad de conservar maravillas de la naturaleza como ésta, pues su belleza, sin parangón, se hace imposible de igualar por la mano o la inteligencia del ser humano.
A estas alturas de la etapa, cada cual campando a sus anchas, las dudas entre algunos de nosotros se cernían sobre la creciente probabilidad de algún extravío indeseado que nos amargara la jornada, pues el camino estaba lleno de recovecos y cruces de difícil localización proclives a la pérdida involuntaria.

En las proximidades de Sant Romà d’Aubinya (teórico fin de etapa del grupo B), acomodados en unos bancales orientados al suroeste, nos topamos con diversos campos de cultivo, entre los que destacaban unas plantaciones de tabaco con sus correspondientes secaderos. Algún ignorante, como yo, no acababa de asimilar que por estos andurriales se cultivara esa planta y, menos aun, que el secado de la misma llegara a ser eficiente, teniendo en cuenta las condiciones climatológicas del lugar.  Alguien  más cultivado en la materia me explicó el origen y significado de dichas plantaciones. Al parecer, para “legitimar” la venta de las ingentes cantidades de tabaco que por aquí se expenden, y con el fin de justificar dicho trapicheo, el gobierno en cuestión, necesita demostrar a la” honesta economía mundial” que ellos son productores de tal materia, por lo tanto, alienta y subvenciona la proliferación de dichos cultivos. ¡Vaya, lo vulgarmente conocido como… “Tapadera”!


Llegados a este punto, la vanguardia,  se planteó la duda de si esperar a los demás y dar por finalizada la etapa o continuar adelante y… ¡Sálvese quien pueda, acometer los últimos Kms! Un leve cónclave entre los presentes desechó de inmediato la espera y nos lanzamos despavoridos a recorrer el trayecto pendiente.

Visualizando, ya,  desde las alturas, el ansiado final, procedimos a finiquitar el tramo restante por un pronunciado descenso, en pos de la ansiada cerveza. Para no perder la costumbre, en las postrimerías de la etapa, tres espabilados nos equivocamos de senda  y le regalamos a nuestro sufrido cuerpo unos centenares de metros de propina. ¡Por si no teníamos bastante! Finalmente, a esos de las 15 horas, llegamos a buen puerto dispuestos a recuperar fuerzas en el Bar del Punt de Trobada.

Enfrascados en una amena conversación (la jarra en una mano y el bocata en la otra) empezamos a divagar sobre el futuro inmediato que nos esperaba y a desconfiar de la perica de los rezagados, a algunos de los cuales dimos por extraviados, sin el menor atisbo de duda, entre los vericuetos del camino.  

Sorprendentemente, al cabo de una hora, por el fondo, vimos aparecer a una numerosa y lozana facción de GRManía dirigiéndose a nuestro encuentro como si tal cosa. ¡Adiós a nuestro sueño de ser los únicos! ¡Valientes ególatras! Pero mayor fue la sorpresa que nos llevamos, si cabe,  cuando se presentaron agrupados y en perfecto estado de revista (cansados eso sí) los restantes GRManos/as sin excepción ¡Oléééé´!

Como no podía ser de otra manera (¿Quién sube a Andorra y no compra nada?) algunos acaudalados se adentraron el centro de shopping” y procedieron a liberarse de los “pesados” euros que agujereaban sus maltrechos bolsillos, con la adquisición de artículos varios.

Epístola Camí de Sant Jaume (08/06/2013)

(Comida de despedida y cierre de temporada). (08/06/2103). 

Buenas tardes nobles Damas e hidalgos Caballeros! 

Pensaron, acaso ustedes, incautos compañeros/as de fatigas, que se iban a librar de mi sátira, mi verborrea y mis desatinos; ¡pues nooooooo…  amigos míos! Aquí me tienen nuevamente y despotricando, cual demente sin cura, de los aconteceres de ésta comunidad de caminantes.  Así es que deberán aguantarme nuevamente, Sí o Sí (salvo que vuesas mercedes abandonen sus aposentos y salgan en desbandada en pos del aire libre y el preciado silencio callejero). ¡A tiempo están, no digan que no les avisé! 

Quede bien claro que mi intención era concederles a ustedes una tregua pasajera y no amargarles la comida, el final de curso o las preciadas y próximas vacaciones de verano, con mi avinagrado humor y mis desvaríos lingüísticos, pero uno de los ilustres caballeros mandamases de la corte, aquí presente, se empeñó, insistió y me convenció, (a pesar de mis largas y mi negativa) para que redactara cuatro líneas a modo de despedida. Si la cosa sale mal échenle a él la culpa por despertar al monstruo y llamar al mal tiempo. Si por el contario les divierte el sermón que voy a regalarles, seré yo, y solamente yo, el merecedor de tales alabanzas.

Tengo yo la sensación (no sé ustedes) de que mi vida gira en torno a un calendario diferente al natural que marca el devenir de los años. Es decir, que aquello de que Enero es el principio de año y Diciembre el final, pues no acaba de cuadrar exactamente con mis sensaciones.  Si por mí fuera, y de acuerdo con mis quehaceres y obligaciones laborales, juraría que el año Nuevo comienza en Septiembre, recién terminadas las vacaciones, y da sus últimos coletazos a finales de junio, cuando el verano llama insistentemente a mi puerta. Si además, este pensamiento la traslado, aquí, a GRManía, entonces mis dudas se disipan por completo. Así pues, como nuestras aventuras y desventuras se inician con las últimas jornadas estivales y concluyen a primeros de junio, me permitirán ustedes la licencia de afirmar que hoy cerramos el balance anual de GRManía. Fin de año GRMano!

Tras dos años de, éstos, de los míos, damos por concluido el Camí de Sant Jaume  a Catalunya habiendo atravesado el territorio de Nordeste a este. Y salvo contadas excepciones podemos afirmar que la climatología fue sumamente benévola con nosotros, pues nos respetaron el calor, el frío y el agua (tan típica en el Camino de Santiago). Será el Santo que se apiadó de nosotros y veló por nuestra salud, o tal vez que el encargado de la meteorología, esta vez alumno aventajado, escogió los días de las etapas con maestría.
Aunque no lo parezca,  más de 500 días y otras tantas noches, como dice la canción, han pasado desde que iniciamos la peregrinación en el  Cap de Creus, cuya etapa alternativa, en pos del Port de la Selva, discurrió entre la lluvia y la pérdida acostumbrada. Del agua apenas volvimos a tener noticias, como mencioné anteriormente, pero de las pérdidas fuimos asiduos compañeros, como suele ser habitual. Por si algún novato no sabía de qué pie cojeaba  el grupo… duda disipada.

Por aquella época (Septiembre del 2011) el Club 60 se despachó con una novedosa celebración a  la cual apenas pudieron adherirse 4 sesentones GRManos/as. Hoy en día, casi 2 años después, el evento sería bastante más concurrido, pues en este espacio de tiempo, varios GRManos y GRmanas se han añadido al citado Club, y jubilosos y relajados disfrutan de los placeres del bien ganado retiro. Retiro, dicho sea de paso y tal y como está el patio, que otros difícilmente saborearemos tan plácidamente cuando nos llegue la hora. Disfrutad colegas, vosotros que podéis!

Muchas son las anécdotas sucedidas a lo largo de las múltiples etapas del Camí, pero para no hacerme eterno mencionaré solo algunas a modo de recuerdo.
“Dios me libre de mis amigos, que de mis enemigos ya me libro yo”, dice el refrán. Viene esto a cuento de lo sucedido en el Monasterio de Sant Pere de Rodes, donde tras haberme olvidado el carnet de funcionario, y por ahorrarme unos míseros eurillos, pedí, en préstamo y sin cargo alguno, a mi amigo Antonio Gil su carnet de profe para visitar dicho monumento de gorra. El fiel amigo me lo cedió gentil y desinteresadamente, y con él accedí al citado monasterio para visitarlo detenidamente. Pero el ahhhh… el desalmado, se olvido de mí al instante y permitió que el grupo se pusiera en marcha y partiera sin mí…. ¡y él sin decir ni muuuuuu! Cuando salí me encontré solo y con mi mochila abandonada a su suerte. Menos mal que Carlos, extrañado ante la soledad de la citada mochila, se apiadó de ella y permaneció por la zona en espera de su dueño. Su astucia me libró de la pérdida y me permitió reincorporarme al grupo, cosa que de otra manera difícilmente hubiera conseguido, pues desconocía la zona y ese día no llevaba móvil. ¡Ten amigos para esto!

Celebre, por lo ingrato, quedó marcado en nuestras memorias, el día en que María comprobó in situ la pericia de los kakos y vio cómo, por arte de birlibirloque, y ante sus propias narices, desaparecía su mochila con todas sus pertenencias. Adiós, móvil, chaqueta, enseres personales y demás propiedades. Igualmente chocante, desconozco si fruto de su de valentía o tal vez producto de su vagancia, el reto por parte de unos cuantos a las aguas del Fluvía, pues ante mi negativa a utilizar la vara y separar las citadas aguas éstos tuvieron que franquearlas a riesgo de un buen chapuzón, mientras los demás, precavidos caminantes, desandábamos el camino para acceder a Báscara, por un puente, como Dios manda.

Pasados el otoño y el invierno sin contratiempos, la primavera despertó a nuestros ojos por la plana de Vic, mientras discurríamos entre el verde de bosques, prados y sembrados; animales de granjas, aves salvajes y las flores preciosas flores de mayo.

Acompañados mayoritariamente por días soleados, alguna que otra niebla, no demasiado frío matutino y escasos episodios de lluvia; durante este período fuimos recorriendo, admirando y dejando atrás, parajes de belleza sin igual: El Golf de Roses, la vía verda, la Vall d’en Bas, el Puigsacalm, la plana de Vic, (alguns privilegiats la Foradada de Cantonigròs) i el Moianès.

Finalmente, el 9 de junio de 2011, en l’Estany, aparcábamos nuestra ruta Santiaguera de la temporada  y días más tarde, en el Restaurante Cavall Bernat procedíamos al relevo en el cargo de Jefe de finanzas, en beneficio de Don Cecs Casado, el cual fue investido y condecorado como insigne caballero de los caudales GRManos.

Tras las pertinentes vacaciones veraniegas reemprendimos la aventura para recorrer la Catalunya Central y, en penitencia, encaminamos nuestros pasos hacia la Montaña mágica de Montserrat, a fin de encomendar nuestra alma a la Moreneta y limpiarla de los pecaminosos e impuros pensamientos que nos corroían.

Por cuestiones de azar, por la edad de algunos, o simplemente por comodidad de varios, a medida que fue avanzando el camino, el grupo fue dividiéndose en dos y la opción B empezó a ganar terreno entre los caminantes, y lo que en principio era un reducido grupo se convirtió en mayoritario. De esta guisa recorrimos el Parc Natural de Montserrat, la Panadella, el Canal d’Urgell y finalmente la comarca de Segríà hasta acabar  nuestra aventura, suplicando el perdón, en la Seu de Lleida.

Innumerables, también, las maravillosas joyas arquitectónicas que nos legaron nuestros antepasados y de las cuales hemos podido disfrutar durante el camino: Sant Pere de Rodes, la catedral de Girona, el Monasterio de Montserrat, Santa Mª del Cami, la ciudad de Cervera con su semiderruida muralla y la Iglesia de Santa María. La Seu de Lleida... etc.

Pero bueno tal como dice otro refrán “lo bueno si breve dos veces bueno”… voy a cortar el rollo y a dejaros en paz, que de esta segunda temporada ya os he dado bastante la paliza con mis crónicas interminables y mis subjetivas interpretaciones de hechos y lugares.

Para finalizar simplemente me gustaría tener un recuerdo para todos aquellos (padres., madres, abuelos, familiares y amigos. etc) que durante este periodo nos abandonaron y dejaron en nosotros un vacio imposible de rellenar. Gracias a ellos estamos hoy aquí y aunque físicamente no sigan con nosotros, siempre vivirán en nuestra memoria y nuestro agradecimiento hacia ellos será eterno.

Fotos La Grevolosa (Blog Antonio Gil).

Camí de Sant Jaume. (20/04/2013)

De Tárrega a el Palau d'Anglesola. (20/04/2013).

Tras el paréntesis de Semana Santa y el peregrinaje por el “humedal” Castellano, nos disponemos a retomar la aventura Jacobea por la planicie de “Les terres de Ponent”.

El horario de verano, la lejanía de nuestro punto de partida y el adelanto en la hora de salida nos han obligado a abandonar el “sobre” (cama) antes de que despuntara el sol  por el horizonte y, hoy, somos nosotros los que recibimos al Alba y no al revés.

En el autocar, como siempre, reina ese maravilloso ambiente de camaradería, sonrisas y parabienes, típicos del diverso y variopinto, pero a la vez cohesionado y fabuloso, grupo de GRManos ¡Dios conserve esa diversidad y ese respeto! ¡Amén!

Colean, aun, las aventuras y desventuras de Semana Santa y los remojones sufridos por Tierra de Campos. Alguna que otra barriga delata, sin pudor, los excesos de los malos cristianos; esos que confundieron el ayuno con el desayuno, la oración con la ración y la procesión con la deglución. Durante la fatídica semana palentina es posible que hubiera abstinencia, e incluso penitencia, pero queda absolutamente descartado que ninguna de las almas peregrinas practicara el ayuno.

En nuestra última etapa, la lluvia nos había conducido a la capital de la comarca de l’Urgell, Tárrega, y desde allí reiniciamos la marcha para, de Este a Oeste, adentrarnos en el Pla d’Urgell, antesala del final del “nostre Camí de Sant Jaume” a Catalunya.

Si hasta hace algunas fechas, el grueso del pelotón se “tragaba” las etapas largas sin rechistar, de un tiempo a esta parte se aprecia un trasvase continuo de simpatizantes hacia al grupo de los recortadores. Muy a mi pesar, tendré que empezar a reconocer la valía de los dirigentes de los Recortadores, pues… ¡Uno puede estar equivocado, pero muchos... difícilmente! De nada sirve el esfuerzo por reconducir a los descarriados a la senda “correcta”, sermoneándolos con las bondades del auténtico peregrinaje, los desayunos entre la naturaleza y la necesidad de castigar al cuerpo para mantenerlo en forma. Tal es la maestría de los jefes de los “otros”, a la hora de localizar locales donde guarecerse de las inclemencias meteorológicas (ya sea frío o calor), acomodar las posaderas, degustar aperitivos y beber algún refrigerio o infusión, que convierten nuestras inútiles proclamas en vanos mensajes tan volátiles como el humo.
Por si esto fuera poco, hoy los Maratonianos se rajan cobardemente y, aduciendo ahorro de energía para la “Cursa dels Bombers”, deciden aliarse con los “otros” y ahorrarse unas cuantas zancadas ¿Dónde quedaron los sufridos y valientes Filípides?

La mañana, aunque clara y soleada, se presenta fresquita e invita a caminar, y a pesar de los intentos reiterados, de varios de nosotros, por convencer a ciertos personajillos para que despeguen su trasero del acolchado, éstos hacen oídos sordos y, sin el más mínimo rubor, permanecen apoltronados en sus asientos haciéndose los despistados.

Sin motivo aparente, la empresa de transportes nos ha cambiado el conductor habitual por otro, más novato, jovenzuelo e inexperto. En el “tierno” piloto apenas apreciamos (los hombres) cualidades físicas o intelectuales fuera de lo normal, por lo que no llegamos a comprender cómo algunas féminas cuchichean e intercambian pareceres sobre el “afeado” individuo. El adefesio, que luce careto y tupé de escaso gusto y dudosa hombría, deja  bastante que desear. Nada comparable con el porte, elegancia y “madurez” de  todos nosotros: fornidos, inteligentes y apuestos GRManos, sin distinción. Sin embargo, ellas no deben opinar lo mismo, pues más de una lanza furtivas miradas pecadoras hacia el “desmejorado y escasamente agraciado sustituto”.

Mientras la mayoría de GRManos permanece anclada a sus butacas con destino Anglesola, los integrantes de la sufrida minoría abandonamos el vehículo y, desde el centro de Tárrega, en desbandada y sin pistoletazo de salida, nos ponemos en marcha por la interminable Avenida de Catalunya hasta abandonar la ciudad. Al asfalto de la citada avenida debemos añadir unos cuantos Kms más de la antigua y alquitranada Nacional II, hasta Vilagrassa. Allí, pasamos por las silenciosas calles, con sus casas centenarias a ambos lados, y tras dejar atrás el villorrio, sobrepasamos la Autovía del Nordeste (A-2) por un puente. Enfilamos, entonces, otra carretera (la C-53) que nos conducirá a Anglesola (punto de partida de nuestros compañeros). No será hasta la salida del citado pueblo cuando, por fin, aparezca el ansiado y bendito camino, que dará tregua a nuestros molidos pies y aliviará el sufrimiento a nuestras articulaciones.

A medida que nos adentramos en la comarca, apreciamos que l’Urgell no forma parte de  ningún conjunto homogéneo, más bien es una zona de transición entre las tierras ásperas y quebradas de la Segarra y las llanuras de la ribera del Segre. Desde esta perspectiva, la comarca se convierte en una zona de paso más que de estancia y un punto de enlace entre las zonas de montaña y el llano, y entre el litoral y el mar.

Poco a poco se aprecian los cambios orográficos del terreno en el cual nos adentramos. Se hace evidente la trasformación de suelo en campos acondicionados eminentemente para el regadío, en comparación con los agrestes y secanos de la colindante de la Segarra. De inmediato, ante nuestros ojos, aparece el impulsor de tal cambio y benefactor, a su vez, de la bonanza económica de la comarca: El Canal de Urgell (Después de muchos proyectos, los más antiguos datados en el S. XIV, y tras años de lucha por la construcción del canal, el ingeniero Domingo Cardenal construyó el canal de Urgell en 1853, basándose en un proyecto de Pedro de Andrés Puigdollers. La inauguración oficial del mismo tuvo lugar el 5 de agosto de 1862).

Las prisas, o quizás nuestra incapacidad para localizar un recinto donde desayunar cómodamente sentados (¡no como otros!), nos lleva a acomodarnos junto al Canal y a utilizar una pequeña esclusa, a modo de improvisado banco, para mitigar el voraz apetito, aligerar el peso de las mochilas y saciar nuestra sed con la bota de vino.

Mientras la mayoría degustamos parsimoniosos el bocata mañanero, amenizándolo con amenas y variadas pláticas, Albert decide poner pies en polvorosa y acomodarse a su ritmo. Así, pretende evitar verse arrastrado por la vorágine febril que, de vez en cuando y sin motivo aparente, emprenden algunos de los desbocados caminantes.

Previo paso por el WC campestre (los hombres aquí te pillo aquí te meo, y las mozas al amparo de una construcción lejana), reemprendemos la marcha, para seguir fustigando a nuestros miserables dirigentes, compartir anécdotas y reír a carcajada suelta con los inocentes chistes, ocurrencias y/o desvaríos de algunos de nosotros.

Curiosamente, la jornada de hoy destaca por su escaso afán persecutorio y por ello transitamos sosegados, de momento, sin prisa pero sin pausa, en dirección a la meta.

Avanzamos entre parcelas de maíz recién plantado, frutales en flor (manzanas y peras), acequias de riego y varias lagunas y humedales típicos de la zona. En alguna de estas parcelas, los “pageses”, acomodados en sus tractores, labran la tierra para liberarla de la maleza y airear convenientemente el terreno; favoreciendo, así, el crecimiento, la salud de la plantaciones y la mejora de la cosechas. Cabe destacar el “moreno oscuro” que lucen un par de “currantes” del lugar; individuos de piel negra azabache  surgidos de la nada, que desaparecen al instante, tras el polvo del camino, en dirección hacia el poblado próximo, pedaleando cansinamente a lomos de unas míseras bicicletas y vestidos con ropas harapientas, desgastadas por el uso cotidiano.
Salteadas, una aquí…otra allá, a las afueras de los poblados y esparcidas entre los  campos de cultivo, aparecen las explotaciones ganaderas y los cebaderos de: cerdos, vacas, gallinas, conejos, ovejas… que afean el paisaje, con su horrenda arquitectura de rasillas, e impregnan el ambiente de aromas embriagadoramente “naturales”.

La claridad del día y la llanura del paraje nos permite divisar perfectamente los horizontes: a nuestra derecha y en la lejanía, las nieves del Pirineo Oscense; al sur y a la izquierda, las estribaciones de la Sierra del Tallat (frontera natural con La Conca de Barberà y Les Garrigues), y al frente la exuberante comarca del Pla d’Urgell, hacia donde se dirigen nuestros pasos, “milagrosamente” desperdigados como siempre.   

Alcanzamos Castellnou de Seana (frontera de ambas comarcas) y avanzamos por la calle principal hasta la plaza de pueblo, donde, por sorpresa, nos recibe una manada de jóvenes cebras trasnochadoras, alegres, lozanas y de buen ver, que deducimos participan en una despedida de soltera. A pesar del elevado interés que los castos GRmanos mostramos por las citadas hembras y su rayado atuendo, éstas apenas se percatan de nuestra presencia y hacen oídos sordos a nuestros inocentes comentarios y desinteresados ofrecimientos de ayuda.  Constatado queda que de un tiempo a esta parte somos invisibles a los ojos de ciertas mujeres. ¡Quién tuviera su edad para compartir con ellas esos dulces momentos o merecer siquiera una de sus miradas! 

Humillados y cabizbajos, dejamos atrás las últimas casas del lugar y nos adentramos en el Pla d’Urgell. Al retomar de nuevo el camino, de improviso y por sorpresa, pues los hacíamos más adelante, nos topamos con nuestros compañeros de fatigas, los cuales caminan alegres, felices y parsimoniosos sin importarles para nada nuestra presencia. En sus risueñas y relajadas facciones queda reflejado, sin el menor atisbo de duda, que han desayunado bien sentaditos en algún local y se han puesto morados de aceitunas, obsequio de la casa. Su casino caminar y sus trabadas conversaciones delatan la ingesta indiscriminada de cerveza por parte de algunos, y de su aliento se desprende que varios de ellos/as ¡incautos! han degustado, incluso, un buen café. Increíblemente, los rajados Maratonianos que les acompañan, se mofan de nosotros y se vanaglorian de su sabia decisión; alaban las bondades y exquisiteces de los jefes delanteros y ponen en duda la conveniencia de regresar, en futuras etapas, junto a nosotros, sus amigos fieles y amantes sufridores del autentico peregrinaje.

Para más Inri, alguno de ellos, se jacta ante nuestras narices de haber compartido charla amigable y algún que otro palmeo (consentido eso sí) con las “cebriles” mozas de la despedida. Al parecer, y con el único fin de dar el visto bueno a la moza, ha sido imprescindible comprobar y calibrar la calidad del pandero de la homenajeada  casadera. Otro, incluso, osa poner en duda nuestra hombría por transitar siempre en el grupo perseguidor (mayoritariamente masculino) y menospreciar la calidad intelectual y humana, y las bondades del “otro” eminentemente femenino ¡Ya volverán al redil los desertores y suplicarán inútilmente nuestra ayuda y amena conversación!  ¡Traidores!

De entre el grupo de féminas cabe destacar hoy a Sonsoles, que camina escondida tras unas inmensas gafas oscuras del tamaño de las de un motorista de los años 70. Al parecer, un percance con el canto de una mesilla de noche, ocurrido en un hotel de Madrid durante las vacaciones, es el causante de tal desaguisado y el inductor a su desmedido afán por esconder el cuerpo del delito ¡Un ojo morado! ¡Un accidente aduce!...¡Ja..ja..ja! Conociendo como conozco la fogosidad de los abulenses (pues soy uno de ellos) pongo en cuarentena tan burda excusa y la achaco, sin el menor atisbó de duda, a una noche de lujuria y desenfreno junto al rejuvenecido pensionista Ginés ¡Gajes del oficio amigos míos… que le vamos a hacer! ¡Todo sea por la pasión!

El trayecto hasta el final de la etapa: El Palau d’Anglesola (Las raíces parecen provenir de un palacio o Almunia árabe, que, durante la conquista del territorio por los condes de Barcelona en la segunda mitad del siglo XI, fue ocupado por Ramon Gombau de Anglesola (1084). Un siglo después, durante la política repobladora de Alfonso I el Casto, interviene otro Anglesola, concretamente Gerbert d'Anglesola, en colaboración con los templarios), se realiza en pequeños y desgajados grupos de GRmanos, fruto  de la mezcla espontánea de ambos grupos. Próximos a la meta, unos pocos aligeran el paso para terminar de una vez con el tortuoso asfalto del final de la etapa. Otros (los más) se lo toman con relativa calma, dando prioridad a las conversaciones y disfrutando del paisaje que la exuberante naturaleza primaveral nos regala a los ojos.

Finiquitada la marcha nos reagrupamos junto al autocar, sin contratiempos ni pérdidas aparentes, para dirigimos hacia el Bar a fin de dar buena cuenta de la comida. Allí,  acomodados en las mesas del establecimiento engullimos, a grito pelado, cual jaula de grillos: bocadillos, platos de pasta condimentada, ensaladas, cerveza, vino, frutos secos, chocolates y todo aquello que ose pasar por delante de nuestra nariz.

Acabado el ágape procedemos a celebrar la tradicional Diada de Sant Jordi, tal y como sucede en la “hermandad” GRMana desde tiempos remotos. ¡Pasión y cultura!

La algarabía y el jolgorio se instalan entre “princesas” y “caballeros” ansiosos por  conocer el secreto tan celosamente guardado. Tras unos instantes de espera, los vítores y aplausos estallan en el abarrotado local y al son de los mismos recibimos la buena nueva: las cabezas pensantes han decidido conmemorar el 23 de abril de 2013 con un libro atípico ¡Nada de novelas de aventuras como suele ser habitual ¡ ¡NO, NO! Este año recibiremos un fantástico, maravilloso, único e inigualable documento gráfico que recopila gran parte de lo acontecido en GRManía durante sus 17 años de historia.

Como preludio a los repartos del “tesoro”, expectantes asistimos a los discursos de rigor. A modo de prólogo, Pepe Hervás, haciendo de telonero, se dirige a las fervientes huestes GRmanas para dar inicio al sublime acto con un mensaje de presentación breve (como su estatura), pero conciso y agudo (como su  inteligencia). Le sucede Evaristo, el cual amparándose en su labia, conocimientos y dominio de las masas (fieras y patrones vividores) nos explica y aclara, con aplomo y maestría, el cómo y el por qué de las cosas. Toma el testigo Antonio: individuo poco dado a la improvisación, meticuloso, ordenado y detallista, que se saca de la manga (mejor dicho del bolsillo) su perorata bien “entrenada” para superar el “muro” sin contratiempos y llegar a la meta a la hora prevista. Continua Pedro, aceitunero y genial “rimaor” de palabras que según la percepción de este humilde escribano (y que me perdone si erro en mi interpretación) se siente mucho más cómodo entre lápices y letras (¡no digamos si se trata de rimas!) que practicando la oratoria ante el enfervorizado populacho. Acto seguido, y para cerrar el acto, interviene María: dama sin igual, concienzuda y eficaz trabajadora, que esconde sus nervios tras la mejor de sus sonrisas e intenta quitarse méritos humildemente y salir de atolladero cuanto antes, mientras piensa….¡Lo mío no son los discursos!

Finalmente (y tras pasar  por caja… jajajajaja), se procede al reparto del preciado tesoro. Éste, viene milagrosamente cargado de: Epístolas, poemas e imágenes; de múltiples vivencias,  situaciones y recuerdos;  de emociones, sentimientos, alegrías y algún que otro sustillo”, impregnados todos ellos de olor a gloria; experiencias únicas que marcaron el devenir de nuestros días; momentos de júbilo y otros de cierta angustia que enriquecieron al grupo y ayudaron a cohesionarlo aún más, si cabe.
En definitiva una obra de arte, amamantada diariamente por cada uno de nosotros, donde queda plasmada la impronta, enjundia y valía del grupo ¡Solo quien lo vive es consciente de la magnitud de su grandeza! ¡Un placer y un honor formar parte de él!

P.D. ¡Mil gracias a los pensantes y a los ejecutores de tan maravilloso plan!
Pero recordad; ¡No os olvidéis de mí y hacedme entrega del material lo antes posible! Pues al final, y por cuestiones de imprenta, me quedé (como otros varios) sin el preciado tesoro y … ¡No pienso soltar la mosca  hasta tenerlo bien agarrado!.